En Estado sólido. Rodrigo Henríquez Vásquez
¿exitoso? ejemplo europeo para Chile: Francia y España (1934-1937)
La formación de frentes populares en Francia y España fue seguida con atención por el incipiente frentepopulismo chileno. En noviembre de 1935 el diario radical La Hora se hizo eco de este entusiasmo:
“En Francia –señaló un dirigente radical– el fascismo, mezcla de clericalismo, bonapartismo, monarquismo y burguesía es una realidad amenazadora, al igual que para nosotros. Pues bien, los trabajadores de todas las tendencias (socialistas, comunistas, radical-socialistas) han ido a cobijarse bajo el gran manto de la Democracia para sostener que el único medio para frenar al fascismo es robustecer, vigorizar y mantener las grandes conquistas democráticas”38.
La prensa chilena siguió con atención las huelgas promovidas en Francia por las ligas fascistas que repudiaban el sistema parlamentario que provocaron la sorpresiva renuncia del primer Ministro, el radical Edouard Daladier, en de febrero de 1934. Aunque para los comunistas franceses (y de todo el mundo) el seguimiento de las consignas del llamado “Tercer Período” aún estaban vigentes, el líder comunista francés Maurice Thorez llamó a la creación del “Frente Popular del trabajo, la libertad y la paz” interpelando directamente a socialistas y radicales a sumarse a la discusión de cuestiones nacionales como la defensa de la Constitución, la disolución de las ligas fascistas, la mejora de los salarios, la creación de nuevos impuestos sobre las fortunas y una serie de ayudas y subvenciones dirigidas al pequeño comercio y al campesinado. Con una buena cuota de pragmatismo, el emplazamiento de Thorez tuvo sustento en el avance electoral de los comunistas y el acuerdo de amistad franco-soviético de mayo de 1935. Ese mismo pragmatismo permitió la unidad sindical entre comunistas y socialistas en el Congreso de unificación de Toulouse en marzo de 1936. La simbólica manifestación del 14 de julio de 1935 reforzó la imagen de unidad nacional en contra del fascismo que vio la luz cuando en enero de 1936 se firmó el programa de Gobierno del Frente Popular. Las elecciones del 26 de abril y del 3 de mayo de 1936 dieron la victoria electoral a los partidos del Frente Popular en la que en la primera vuelta los comunistas duplicaron el número de sus sufragios afianzando la mayoría del Frente Popular en la Cámara de los Diputados. Los comunistas ocuparon 72 escaños (en lugar de 10), los socialistas 146 (en lugar de 97), en tanto que los radicales bajaron de 159 a 116. El Frente Popular logró 370 escaños frente a los 258 de los partidos de derecha.
Las elecciones parlamentarias francesas de abril de 1936 fueron leídas desde Chile con un particular interés; la flamante coalición frentepopulista criolla debutaba en una elección senatorial. Aunque la atención estuvo en los dos Frentes Populares europeos, el caso francés tuvo menos eco que el español. Aunque más similar a Francia en el proceso político, el frentepopulismo español acaparó las miradas de la política chilena. Durante el “bienio conservador” de Alejandro Lerroux (1933-1934) se intensificó el conflicto político y social en la frágil república española. Al incoporar a la Corporación Española de Derechas Autónomas (CEDA) Lerroux acrecentó conflicto social expresado en la huelga de Asturias de 1934 y en el conflicto con el país vasco y la Generalitat de Catalunya En Francia, las masivas huelgas de comienzos de 1937 y el freno de Blum a las reformas sociales comenzadas durante el Frente Popular dieron la impresión en Chile que los factores internos podían ser decisivos para hacer fracasar un proyecto frentepopulista. Aunque en España también fue un conflicto interno el que acabó con el Frente Popular y la República,tuvo la característica de ser una guerra civil la que abortó dicho proyecto.
Del caso francés, la prensa santiaguina destacó el clivaje entre fascismo contra democracia. Así, el diario La Opinión, del Partido Radical Socialista, destacó que la campaña electoral francesa “será aún más reñida que en ocasiones anteriores, pues el centro ha dejado de existir temporalmente en vista que los Radical Socialistas se han unido con los socialistas y comunistas, mientras los centristas de derecha cooperan con otros nacionalistas. La prensa chilena denominó estas elecciones como las del ‘fascismo contra la democracia’”.39 Así, el día 26 de abril de 1936 once millones de franceses volvieron a votar en la repetición de las elecciones en 119 distritos. Se esperaba un ajustado pero seguro triunfo del Frente Popular y se informaba que no se habían registrado incidentes en las elecciones. Los socialistas chilenos enfatizaron el “entusiasmo que causa en España el triunfo del Frente Popular francés […] y el temor que generó en las derechas españolas […] el triunfo de las izquierdas francesas anime a los izquierdistas españoles. Las derechas españolas tienen especialmente aprensión con respecto a los socialistas y comunistas. Creen que los rojos franceses y españoles están obrando con estrecha relación con la ayuda de Moscú”.40
Una de las cuestiones que sorprendió del frentepopulismo francés fue la reticencia de los comunistas a participar en el poder, cosa que fue “… fuertemente criticada por los otros partidos del Frente Popular, quienes dicen que millón y medio de electores que votaron por los candidatos comunistas, deberían tomar parte en las responsabilidades del Gobierno de izquierda”.41 Lo positivo para Chile fue el anuncio de Francia de aumentar la compra de salitre chileno. Esto debido, especialmente, a que los socialistas deseaban impresionar a los agricultores en el momento de subir al poder, y que, por lo tanto, podían reducir los costos de los nitratos.
A partir de mayo de 1936, la prensa frentepopulista chilena alarmó sobre la intensificación del movimiento huelguístico francés.42 Las huelgas iniciadas en las factorías Bréguet de L’Havre se extendieron con rapidez en diferentes sectores productivos, a excepción de los servicios públicos. Se calcula que la paralización de faenas y el movimiento reivindicativo del poder obrero tomaron carácter de verdadera fiesta. Una de las principales características del movimiento huelguístico, a juicio de Adrian Rossiter, fue su rápido esparcimiento y su aparente espontaneidad, en la que ni siquiera los propios huelguistas conocían las demandas ni la cabeza política del movimiento.43 La respuesta de Blum (ganador de los comicios del 3 de mayo) tardó algunos días, dado que su Gobierno asumió el 4 de junio. Una vez en el poder, Blum se aferró a la legalidad ante la primera negativa de los patrones a negociar cualquier tipo de acuerdo hasta que los manifestantes desocuparan las fábricas. La negociación entre Blum y los patrones reveló en cierta medida la problemática del poder del frentepopulismo: la gestión de las demandas populares y los costos que ello tiene en la base política de apoyo. Las negociaciones incluyeron las famosas 40 horas semanales, las vacaciones pagadas, el aumento de salarios y el no pago de los días de huelga: el acuerdo entre los sindicatos, el Gobierno y las patronales quedó firmado pasado la medianoche del 7 de junio, conocido como los acuerdos de Matignon.44
A mediados de 1936, el Gobierno del Frente Popular pudo mostrar con éxito los acuerdos de Matignon, pero se vio acorralado por el desborde de las demandas populares. A pesar de que el PCF no formó parte del Gobierno de Blum –dándole una ventaja abierta frente a los socialistas y radicales– se preocupó de alertar sobre las consecuencias que producirían las huelgas en el Gobierno. Por ello, el discurso de los comunistas fue el de supeditar las huelgas al carácter táctico de la lucha contra el “fascismo” y no como un camino hacia la revolución social, por lo que había que poner un límite para no afectar al Gobierno frentepopulista y, al mismo tiempo, lograr los objetivos de mejoras sustantivas en las condiciones laborales de los trabajadores. No contaban con que los radicales, el socio más reacio a los comunistas, volvería a aliarse con la derecha en junio de 1937. De esta forma, el Gobierno del Frente Popular quedó aislado por la derecha y, luego de las primeras críticas a Blum ante la crisis económica interna y la grave situación del Frente Popular español en junio de 1936, por la izquierda. Esto alertó sobre la naturaleza que debía tener la alianza.45
El comienzo de la Guerra Civil Española dejó mal parado al premier socialista francés, pues luego de su apoyo inicial a la causa republicana tuvo que retroceder y quedar a favor de la no intervención, debido a las presiones de los radicales y del Gobierno británico de no prestar ayuda al frentepopulismo español. En octubre de 1936, el ministro de Hacienda Vincent Auriol anunció la devaluación de franco, aumentando la oposición de centro y de derecha; en febrero de 1937, imposibilitado de continuar con el gasto público, Blum frenó las reformas sociales iniciadas meses atrás por lo que sumó el malestar de los comunistas y del ala izquierdista de su propio partido.
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