DATUS Dispositivo Analítico para el tratamiento de Urgencias Subjetivas. Ines Sotelo
de este tema Irene Greiser (2012) sostiene que debe hacerse una lectura de la virilidad en la época. Freud afirmaba que ésta debía estar amenazada, el atributo fálico debía estar en riesgo de perderse por el padre para poder ponerlo en ejercicio, siendo esa la condición del advenimiento viril. Lacan, a partir del Seminario 22, sostiene que la función de un padre no sólo es derivada como agente de la castración (al introducir la ley), sino que debe haber una trasmisión, es decir, que ese padre da una versión de cómo aloja lo femenino. Ese padre será un padre encarnado, particularizado y viril que aportará una versión del tratamiento de lo femenino.
¿Cuál es la transmisión del padre actual? “El hombre violento, golpeador, el hombre que no puede hablar con ella ni alojarla es una modalidad del macho que al no contar con una excepción que amenace su potencia fálica se ve arrastrado a un goce en el cual esa potencia fálica se muestra ilimitada” (Greiser, 2012).
Abordaje de la violencia en los dispositivos hospitalarios
Desde el punto de vista de la Salud Mental, la idea de diversos procedimientos de asistencia conducen a la noción de dispositivo, en tanto artificio que es construido de manera deliberada y que orienta acciones de las que se espera obtener un resultado calculable, con miras a alcanzar un objetivo determinado (M. I. Sotelo, 2012).
Para el psicoanalista, si su política conduce a la subjetivación de la urgencia, apelará a la responsabilidad como norte de la intervención; “para Lacan el sujeto siempre es responsable. La experiencia analítica es un modo de asunción subjetiva de esa responsabilidad” (Goldenberg & Arenas, 2013).
La intervención psicoanalítica en la clínica de la urgencia y, en particular, en relación con los casos que implican situaciones de violencia, no se orienta, entonces, al control de los impulsos o de la angustia, sino que busca el efecto de ampliación del discurso, que permita al sujeto dar trámite simbólico a la agresividad constitutiva (Sobel, 2005).
Si en el acto violento la palabra (y con ella, la dimensión subjetiva) queda arrasada, el discurso analítico propone revalorizar este recurso como vehículo de un tratamiento distinto del malestar. El incremento de situaciones de violencia que se presenta particularmente en las guardias, conduce a distintos modos de tratamiento: desde la intervención farmacológica hasta la promulgación de leyes que regulen los actos violentos. Con sus diferencias, la psiquiatría, la política, la Salud Pública, la medicina, tienen en común el poner el acento en la prevención, control y supresión de la violencia, la que a su vez irrumpe perturbando que las cosas anden en el sentido de la “norma”; “irrumpe y no deja nunca de repetirse para estorbar ese andar” (Lacan, 1988b). Irrumpe así lo real como lo que “se pone en cruz para impedir que las cosas marchen” (Lacan, 1988b) de manera satisfactoria para el amo.
Este fracaso, desde otra lógica, puede ser el punto de partida para el psicoanálisis, que propone tratar la violencia dentro del dispositivo mismo. La agresividad que hemos situado en tanto goce en lo imaginario, se antepone a la mediación simbólica irrumpiendo como acto violento (acting out, pasaje al acto u otro), siendo la pregunta de Lacan: ¿cómo meter el caballo en el picadero? (Lacan, 2005c). El psicoanalista, con su presencia sostenida en las reglas y principios, lee el acontecimiento violento presente en las consultas de urgencia y propicia un punto de basta que permite alguna subjetivación de ese goce desregulado por parte del agresor o del agredido.
Empuje al consumo (2)
En las guardias y admisiones, es frecuente el ingreso de sujetos atravesados por el consumo de alcohol, drogas o psicofármacos. En las crisis encontramos también que la abstinencia deja a quien consume en urgencia.
Es necesario determinar que si bien el consumo no da cuenta de un síntoma ni de una estructura psíquica, tienen un valor de uso para el toxicómano o el alcohólico, valor que intentaremos esclarecer en este apartado.
La ciencia y la tecnología producen objetos que ofrecen una modalidad de goce que se extiende, multiplica y generaliza. Al estar al servicio de las leyes del mercado, propician un consumo insospechado: cirugías, dietas, aparatos, cosmética, implantes, responden a un imperativo de belleza y juventud del que es muy difícil abstenerse.
El uso permanente de internet con su navegación ilimitada, se transforma en una oferta inagotable que abarca desde material científico o turístico hasta la pornografía, la venta de objetos, de armas o de drogas.
Sin duda, el consumo alcanza a la telefonía, con variados modelos y una posibilidad de comunicación permanente por la vía de mensajes de texto; práctica cada vez más generalizada que posibilita también el aislamiento del contexto. Esta modalidad puso fin a las conversaciones telefónicas tradicionales, transformándose en mensajes de estilo telegráfico que no requieren la presencia del otro cuerpo y que van transformando el uso del lenguaje.
Desde otra perspectiva, disponer de fármacos ya no depende sólo de la prescripción médica sino que se ha generalizado incluyendo antidepresivos, estimulantes del ánimo y sexuales. En su libro “Escuchando al Prozac”, Kramer (1994) dirá que el éxito de este antidepresivo “nos dice que hoy el capitalismo de alta tecnología valora un temperamento muy diferente. Confianza, flexibilidad, rapidez y energía que siendo los aspectos positivos de la hipertimia, son objeto de mucha solicitud” (Kramer, 1994).
Consumir euforia, hiperactividad, rendimiento al servicio del imperativo del Discurso Amo: “Continúen trabajando, que el trabajo no se detenga”
La paradoja mayor de esta sociedad postindustrial, sostiene Ernesto Sinatra, es que del imperativo superyoico de goce que impulsa el mercado capitalista: “Todos consumidores!” se pasa al “Todos individuos, objetos del consumo” (Sinatra, 2000).
En el discurso del amo antiguo, propuesto por Lacan, el S1 ocupa el lugar de poder, comanda el trabajo para que las cosas marchen y genera un resto, el objeto a, como producto del discurso, plus de goce. El sujeto estará dividido en tanto no sabe de su inconsciente y en tanto el lenguaje ha matado la cosa dejando caer un resto en esa pérdida, el objeto a. En el discurso capitalista, el saber, sin amo, trabaja en la producción de objetos plus de goce.
Este discurso propuesto por Lacan, sostiene Luis Tudanca (Tudanca, 2007), muestra en la figura del profesor, generalizada como la ideología de la ciencia, falsa ciencia y la burocracia asociada a ese tipo de saber: “nueva tiranía del saber” que se caracteriza por la proliferación de objetos en tiempos en que el desorden pulsional indica el desfallecimiento del fantasma, no su vacilación.
En la época actual, llamada de la hipermodernidad, el plus de gozar estará por encima del ideal y la mayor identificación será con el consumidor, “…el goce ya no se sitúa a partir del significante amo, en la vertiente de negativización sino en la vertiente de plus de goce como tapón de la castración…” (Jacques-Alain Miller, 2005). Pluralización de los significantes amo que, ante la caída del Otro, deja al sujeto entregado al empuje al gozar.
La droga como producto en el mercado
La droga como objeto con un valor de uso, está en el mercado de modo cuantificable dependiendo, en nuestro país, de su costo, de la demanda y de la comercialización ilegal.
Para quien la consume se transforma, paradójicamente, en un bien que en el mercado se compra, se vende, se intercambia, entrando en el circuito de circulación y relación dentro de ciertos grupos sociales. Su producción requiere de conocimientos y de cierta tecnología, es decir, del trabajo de muchos individuos.
Desde la perspectiva de la economía, Rolando Astarita (2005) agrega que la droga genera hábitos de consumo compulsivos, pero a la vez no puede producirse libremente, por lo que provoca una demanda inelástica. El adicto está dispuesto a comprar droga a cualquier precio, muy superior al que tendría si la misma se comercializara libremente produciendo plusvalías extraordinarias en este producto (Astarita, 2005).
En tanto producto de un mercado la droga es un bien, de uso, de cambio y directamente vinculado con la tecnología y la ciencia que opera sobre los sujetos y sobre sus cuerpos. El psicoanalista Juan Carlos Indart (2005) propone un anudamiento entre “el capital”, “la