Páginas de cine. Luis Alberto Álvarez
dispuesto a todo por esta mujer, incluso a matarla, si la ama casi patológicamente, el tratamiento de esta figura tendría que mostrar qué es lo que produce esta pasión, esta fascinación. Pero el personaje es débil, es el de una punquerita con voz ridícula, un mal dibujo animado. Un poco mejor caracterizado está el papel de Jennifer Steffens como la esposa del detective, pero el afán del director de ser ultrajante convierte a su figura en otra muñeca sin trazos humanos. Aljure insiste mucho en que su intención general era mostrar el comportamiento animal de los personajes, pero también lo animalesco tiene psicología, tiene matices. Una mala caricatura de la sexualidad no contribuye en nada a ilustrar el aspecto instintivo del ser humano. Es probable que para dirigir bien papeles femeninos se requiera más tiempo, más maduración, más para nosotros los latinoamericanos cuyas imágenes femeninas han sido siempre tan problemáticas, tan inadecuadas. A esto se añade que para obtener efectos grotescos Aljure abusa de los lentes granangulares, de los planos extremos de detalle (como en la muy discutida escena de las bocas que se abren exageradamente y que es un efecto que recuerda los que empleaban los viejos cortometrajistas colombianos —como La ópera del mondongo de Arocha—).
Creo que es demasiado fácil justificar las cosas (hace mucho tiempo que se emplea esa fórmula) diciendo que hay una estética de lo feo y que esa fealdad es buscada expresamente. No se trata de bello o feo sino de fuerza, originalidad, convencimiento, de una belleza que se logra a través de la intensidad, de la veracidad. El ejemplo de lo que quiero decir es el actor Álvaro Rodríguez. Él es feo, su personaje es feo, su ambiente es deprimente. Pero le creemos y tras de su mundo escuálido aparece una realidad humana compleja, angustiada, retorcida. Esta es una caracterización bella. Lo otro es intentar vender carencias creativas como opciones estéticas.
En cualquier caso La gente de la Universal revela a un realizador cuidadoso, con su mundo propio, a un creador cinematográfico colombiano de quien podemos seguir esperando cosas buenas. El problema del cine colombiano sigue siendo el mismo: la película fue estrenada comercialmente un año después de haber sido presentada en el Festival de Cartagena y aún más tiempo después de haber sido exhibida en San Sebastián y otros festivales internacionales. Es demasiado tiempo, Aljure tendría que estar haciendo ya otra película. En cambio su destino se ha vuelto el de tantos directores colombianos, arrastrar una cinta de un sitio a otro, sufrir a la espera de otra difícil oportunidad.
El Colombiano, 2 de abril de 1995
Allen, Lee, Altman, Scorsese: héroes locales
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