Andemo in Mèrica. Danilo Luis Farneda Calgaro

Andemo in Mèrica - Danilo Luis Farneda Calgaro


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enmarcada al norte por la región pre-alpina y alpina. En el Mediterráneo están las grandes islas de Sicilia y Cerdeña. Ya en la zona marítima africana nos encontramos con las islas Pelagias y Panteleria.

      La civilización Nuraga de la isla Cerdeña (100 a.C.), los etruscos, los griegos, los romanos, los pueblos nórdicos indoeuropeos, conforman el rico y milenario sustrato multicultural desde el cual se fue tejiendo la polifacética identidad italiana.

      El Humanismo y el Renacimiento surgieron en Italia hacia el siglo XIV, teniendo en Toscana un faro que proyectó su influencia por el resto de Europa y el mundo.

      Su legado cultural se ve reflejado en el interés que despierta a nivel mundial y los millones de personas que lo visitan cada año.

      Hagamos un retorno al pasado para ofrecer una visión del devenir histórico que afectó directamente a nuestros ancestros. Acercamos por tanto el zoom para situarnos en el norte de la península itálica y más precisamente en la actual región véneta.

      El nombre de la región deriva de las primeras tribus de pobladores, de origen germánico-céltico: los vénetos. Hacia el siglo II a.C. estos pobladores fueron dominados por el Imperio Romano.

      Roma implantó en la región la provincia Aquilea y le otorgó cierta autonomía a cambio de confiarle la protección de su frontera alpina.

      Hacia el siglo V, la debilidad del Imperio Romano fue aprovechada, y al mismo tiempo acelerada, por las oleadas migratorias de los pueblos nórdicos hacia el centro y sur de la península itálica.

      En torno al año 488, invasores ostrogodos llegaron a la región y fue entonces que los vénetos se refugiaron en una zona lagunar de difícil acceso, siendo éste el origen de la actual ciudad de Venecia.

      En el año 800, el mismo Papa León III coronó a un ascendiente de aquellos invasores nórdicos como emperador de Occidente. Estamos ante Carlomagno, rey de los francos, quien derrotó a los lombardos que ostentaban por entonces el poder sobre la península itálica.

      Entre la llegada de los godos y la coronación de Carlomagno, gran parte del territorio permaneció integrado al Imperio Bizantino. Estas circunstancias marcaron de forma particular la rica y policrómica identidad de la región y de Venecia en particular. Una ciudad con alma oriental y occidental al mismo tiempo.

      Aún dentro de un contexto de dominación, Venecia siempre se distinguió por su autarquía. El espíritu libre de los primeros pueblos vénetos continuaba latiendo en su ser más profundo.

      En el 962 se creó el Sacro Imperio Romano-Germánico, sistema de poder que se extendió por toda Europa y se prolongó hasta los comienzos del siglo XIV.

      En el norte de Italia, a diferencia de lo ocurrido en el centro de Europa, el sistema feudal no se afianzó sólidamente debido, fundamentalmente, a la fuerza de las ciudades-estados, las cuales conformaron la Liga Lombarda (1167-1250).

      Génova y Venecia eran dos de estas grandes ciudades que se fueron afianzando a la vez que iban sometiendo a las demás poblaciones del entorno.

      A finales del siglo XV, desaparecida ya la Liga Lombarda, las ciudades-estados del norte italiano pagaron un alto precio ya que su progreso y poderío las hizo objeto de la codicia de los reinos circundantes. Franceses, austríacos y alemanes las invadieron reiteradamente hasta que en 1866 Venecia pasó a formar parte del Reino de Italia.

      La rápida visión panorámica que acabamos de compartir nos permite apreciar la policromía étnica y cultural que confluye en el entorno.

      Desde las primeras tribus de los vénetos, pasando por los romanos, bizantinos y pueblos germánicos, todos dejaron una profunda huella que conforma el ADN cultural remoto de nuestros ancestros.

      Los avatares de la historia italiana han sido tantos, tan variados y ricos que entrar minuciosamente en ellos significaría desequilibrar el contenido de este estudio.

      A pesar de ello quisiera reseñar brevemente algunas circunstancias que condicionaron de manera más directa la vida de nuestros inmigrantes.

      El reinado napoleónico no tuvo gran duración ya que el sentimiento nacionalista se fue acentuando entre los habitantes de la península itálica. Después de numerosos conflictos contra Francia y el Reino Austro-húngaro, cristalizó en la unificación de Italia.

      Es en el convulso período de reconfiguración geo-política desarrollado durante el siglo XIX que debemos situar el proceso inmigratorio que nos ocupa.

      Algunos de nuestros bisabuelos inmigrantes nacieron con una Italia fragmentada en reinos y “ciudades estado”, entre las que destacaban los Estados Vaticanos y la República de Venecia. Presionados por políticas expansionistas practicadas por Francia y también por el Imperio Austríaco, terminaron sus días formando parte de una Italia unificada y empeñada en construir su propia identidad.

      Algunos podemos recordar las visiones papistas y antipapistas, propias del período de anexión de los Estados Vaticanos, o las posiciones en torno al proceso de la Unificación, con Giuseppe Garibaldi como icono de sus propias biografías. Cuántas veces escuchamos los versos dedicados al revolucionario Giuseppe: “E non é vero che é morto Garibaldi, pum, Garibaldi, pum, Garibaldi, pum”?

      Giuseppe Garibaldi regresó a Italia en 1848 para unirse al Reino de Saboya en su lucha contra la ocupación austríaca y francesa. Regresaba después de participar activamente en la revolución de la República Riograndense contra el Imperio de Brasil y en la defensa de las ciudades de Montevideo, Colonia y Salto.


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