Andemo in Mèrica. Danilo Luis Farneda Calgaro

Andemo in Mèrica - Danilo Luis Farneda Calgaro


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      MÈRICA, MÈRICA

       Da l’Italia noi siamo partiti.

       Siamo partiti col nostro onore.

       Trenta sei giorni de macchina a vapore

       E in Mèrica noi siamo arrivà.

       E nell’America che siamo arrivati

       non abbiam trovato né paglia né fieno.

       Abbiamo dormito sul suolo al sereno

       Come le bestie abbiam riposà.

       Ma la Mèrica l’è lunga l’è larga

       E circondata da monte e da piani.

       E con l’industria dei nostri italiani

       Abbiam formato paesi e città”.

      (Traducción)

      Desde Italia hemos partido.

      Hemos partido con nuestro honor.

      Treinta y seis días de buque a vapor

      y a América hemos llegado.

      En América, donde hemos llegado,

      no encontramos ni paja ni heno.

      Hemos dormido en el suelo y al raso,

      como animales hemos descansado.

      Pero América es enorme.

      Circundada de montes y planicies.

      Y con el esfuerzo de nuestros italianos

      hemos creado poblados y ciudades.

      América reclamaba recursos humanos para el campo y para las nacientes industrias. Las naciones europeas no lograban atender las necesidades básicas de su creciente población. La inmigración se presentaba como la respuesta más adecuada y beneficiosa para ambas partes.

      ¡Porca Italia! ¡Andemo via!

      En el año 2008, Giorgio Napolitano, presidente de la República de Italia entre los años 2006 y 2015, afirmaba: “Por decenios la inmigración ha constituido una “válvula de escape”, dadas las graves dificultades económicas y sociales. Los envíos de dinero de los inmigrantes han contribuido no poco al desarrollo de Italia.

       A menudo nuestros inmigrantes han tenido una vida difícil, de sacrificio y privaciones, pero la cultura del trabajo y sus valores les ha permitido integrarse en el tejido político, social y económico de los países que les acogieron”.

      La visión del Presidente de la República, realizada desde la amplia perspectiva que da el paso del tiempo, endulza la tragedia del inmigrante concreto, al tiempo que nos da un punto de apoyo para entender el fenómeno inmigratorio. Un proceso que benefició tanto a los países de acogida como a la propia Italia que descomprimía la presión social que generaba tanta pobreza y a su vez recibía ingentes cantidades de recursos enviados por quienes emigraban.

      Acerquémonos a aquel contexto que Giorgio Napolitano sintetiza haciendo referencia a las “graves dificultades económicas y sociales”.

      Berto Barbani, poeta veronés, describió la situación de su gente en estos versos compuestos en dialecto véneto hacia el año 1896.

      I VA IN MÈRICA

       Fulminadi da un fraco de tempesta,

       l’erba dei prè par ’na metà passìa,

       brusà le vigne da la malatia

       che no lassa i vilani mai de pèsta;

       ipotecado tuto quel che resta,

       col fornento che val ’na carestia,

       ogni paese el g ’a la so angonia

       e le fameie un pelagroso a testa!

       Crepà la vaca che dasea el formaio,

       morta la dona a partor ’na fiola,

       protestà le cambiale dal notaio,

       una festa, seradi a l’ostaria,

       co un gran pugno batù sora la tola:

       “Porca Italia” i bastiema: “andemo via!”

       E i se conta in fra tuti. – In quanti sio?

       Apena diese, che pol far strapasso;

       el resto done co i putini in brasso,

       el resto, veci e puteleti a drio.

       Ma a star qua, no se magna no, par dio,

       bisognarà pur farlo sto gran passo,

       se l’inverno el ne capita col giasso,

       pori nualltri, el ghe ne fa un desìo!

       Drento l’Otobre, carghi de fagoti,

       dopo aver dito mal de tuti i siori,

       dopo aver fusilà tri quatro goti;

       co la testa sbarlota imbriagada,

       i se da du struconi in tra de lori,

       e tontonando i ciapa su la strada!

      Exterminada por la fuerza de la tormenta,

      la mitad de la hierba está perdida.

      Quemada la viña por la enfermedad

      que no deja de apestar a la población.

      Hipotecado lo que queda,

      con el trigo que ya escasea,

      cada poblado tiene su agonía

      Muerta la vaca que daba el queso,

      muerta la mujer pariendo a la hija,

      aquejado por las deudas al notario,

      en una fiesta, por la tarde en el bar,

      con un puñetazo golpea sobre la mesa:

      ¡Maldita Italia!, blasfema: “Vámonos”.

      ¿Cuántos somos?

      En torno a diez para hacer el viaje.

      El resto son mujeres con los pequeños en brazo

      y el resto, viejos y niños a destajo.

      Pero quedarnos aquí sin comer, ¡por Dios!

      Es necesario dar el gran paso.

      Si el invierno viene fuerte,

      pobres de nosotros, ¡dejará todo desierto!

      Hacia octubre, cargado de bultos,

      después de haber renegado de todos los señores

      y haberse emborrachado,

      con la cabeza revuelta y embriagada,

      ¡dándose


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