La sociabilidad perdida. María del Carmen Angueira
colonos inmigrantes rusos del Volga se dedicaron a explotar la tierra.27 Estaban acostumbrados a trabajar en comunidad, con clara delimitación de funciones según derechos y deberes estipulados por el juez de paz.
La comunidad organizó la producción en tres áreas: siembra, pastoreo de animales y delimitación de parcelas para su explotación y descanso. Cada actividad fue distribuida por loteo de acuerdo con el número de socios y mediante sorteo público.
Es decir, la sociedad de trabajo quedó establecida mediante un contrato privado, que fijaba un plazo de seis años para la distribución y adquisición de la tierra y la duración de la sociedad en un período de veinte años a partir del 4 de julio de 1883. Cada socio podía instalar una quinta y construir su vivienda, y disponía de una cantidad de animales, en proporción a la extensión del predio recibido.
En otras palabras, revistió el carácter de un contrato mixto que combinaba propiedad individual con organización comunitaria del trabajo. El gobierno dispuso de varias franquicias a favor de los alemanes del Volga con el objeto de estimular el arraigo al lugar de los nuevos inmigrantes. Entre ellas se pueden mencionar las siguientes: los lotes podían pagarse durante un lapso de diez años, se le adelantaba a cada familia la suma de 10.000 pesos para gastos de instalación por un año y, por último, fueron eximidas del pago de contribución directa por diez años.28
El censo provincial de 1881 registra para el partido una producción ovina diez veces superior al existente vacuno y se ensanchaba aún más con respecto a los caballos y porcinos habidos en el lugar.
El cambio lo introdujo el gobierno nacional cuando impulsó la colonización agrícola, facilitándole a los inmigrantes el acceso a la propiedad de la tierra entre 1880 y 1890.29
Durante estos años, las colonias agrícolas de Santa Fe, Entre Ríos y Olavarría abastecían el consumo interno del país, pero era necesario aumentarla mediante la incorporación de un gran número de inmigrantes, que aún faltaban, para modificar de forma drástica las condiciones generales de la economía y la sociedad argentinas.30
¿Cuáles fueron los motivos que influyeron para que la explotación pastoril predominara en el país? Un factor de peso tuvo que ver con una forma específica de la ocupación del suelo muy ligada a la ausencia de líneas férreas, que orientó la organización de las explotaciones en enormes extensiones donde se largaba al ganado, con escasa utilización de mano de obra. En fin, la actividad pastoril fue la que transformó la estructura económica de la pampa, pero al mismo tiempo mantuvo la estructura social basada en un número muy reducido de propietarios.
En definitiva, el origen de la “gran propiedad” en pocas manos está estrechamente relacionado con el funcionamiento de la economía y la estructura de la propiedad, mientras que el reparto de tierras se mueve ligado directamente con el poder. Dicho de otro modo, en un sistema capitalista los dos fenómenos referidos resultan independientes porque si el mercado de tierras fuera casi perfecto, puede no existir una centralización de las propiedades, o, en el caso inverso, una división de tierras originariamente no concentrada puede resultar en una concentración de la propiedad, según aumente o no la rentabilidad de la productividad en función del tamaño de las haciendas.31
En otras palabras, la enorme extensión de la propiedad no responde directamente a motivos de índole institucional o social, sino que se debe a determinadas circunstancias económicas. Esto es, según el precio de la tierra en algunos lugares los propietarios tenían una reducida renta, pero mantuvieron la explotación ganadera, aun cuando las ganancias obtenidas en este rubro fueran menores al costo de la producción.
Esto es, el hecho derivó en empresas extensas, con segura ocupación del suelo, que reforzaron, a su vez, las relaciones de propiedad de la tierra, como también definieron el carácter de los predios antes de la gran inmigración.32
En conclusión, los propietarios eligieron un modo productivo que les convenía más: arrendar sus campos a particulares para el sembrado de cereales y forrajes finos, porque el valor de la tierra había subido vertiginosamente y se habían capitalizado. Ello restó posibilidades a la colonización mediante pequeños propietarios que venía desarrollándose en el país. Aun así, en la década de 1890 la explotación agrícola en las colonias estaba todavía en su apogeo, pero en forma simultánea se instala la agricultura de arrendatarios en el litoral argentino.
En 1884, el precio mundial del trigo cayó en forma abrupta. Ello perjudicó la balanza comercial argentina, pues era uno de los principales exportadores de dicho cereal.
Otros cambios sucedieron: el precio de la tierra subió y la mano de obra, también. Los agricultores quedaron entrampados entre los altos costos y los precios en baja; la única salida era producir más por menos. Las producciones de los colonos se habían llevado a cabo con reducido valor técnico o conocimientos agrícolas. Es decir, carecían de los medios económicos para ampliar la producción y sobrevivir. El mecanismo idóneo había sido conseguir la posesión de sus tierras mediante la amortización de una hipoteca.
En otras palabras, para aquellos que no habían comprado tierras para mediados de la década de 1890 fue casi imposible hacerlo de allí en adelante.33
La producción minera y la agroganadera
El partido de Olavarría está en el centro de la provincia de Buenos Aires y al suroeste limita con Azul, Tapalqué, Juárez, Laprida, Lamadrid, Bolívar y Caseros. A 15 kilómetros de la ciudad de Olavarría se hallan las sierras de Quillalauquen, provistas de rocas calcáreas y arcillas que permiten la explotación minera y la industria del cemento que produjo un crecimiento vertiginoso en los últimos años de la década de 1920. Es decir que cuenta con otros medios provenientes de una rica producción agropecuaria (por ejemplo, en 1929 poseía un número de cabezas de ganado que la colocaba en el primer lugar entre los ciento diez partidos de la provincia de Buenos Aires).
La zona formó un centro ferroviario pues recibía dos líneas del Ferrocarril del Sud desde la ciudad de Buenos Aires: vía Flores y vía General Alvear. Con la proyección del trazado hacia el oeste y el noroeste bonaerenses, que tendrá lugar tiempo después, completará su riqueza económica.34
El partido poseía la reserva fiscal de Sierras Bayas, que dio origen al asentamiento del pueblo homónimo en 1873, que coexistió con la tribu de Catriel. Un pionero del lugar fue el inmigrante italiano Ambrosio Colombo, quien se estableció por esos años, junto con otros extranjeros y nativos que trabajaron las primitivas minas de granito o piedra caliza.
Las explotaciones arrendadas eran de pequeñas dimensiones, en tierras fiscales de la provincia de Buenos Aires. Los productores pagaban un canon anual y el trabajo se hacía a cielo abierto, con una dimensión de 130 metros de frente y otros tantos de fondo.35 Las explotaciones albergaban las viviendas de cada patrón y su familia, junto con la de los obreros en el predio de la mina.36
Estanislao Zeballos describió la aventura que realizó en 1879 por “el país de los araucanos”. Narró, con lujo de detalles, la riqueza minera de las canteras que visitó durante su viaje hacia las sierras donde se hallaban los yacimientos de mármol. Allí encontró trabajadores. Algunos extraían mármoles y otros lo cargaban a las carretas de bueyes hacia Azul. Entonces fue cuando descubrió enormes cantidades de mármol colorado, negro, amarillo y jaspeado, depositadas en las amplias pendientes del cerro.37
En suma, la región en 1900 se caracterizaba por un importante crecimiento agropecuario y minero, con una capacidad productiva superior –para el primer caso– a la del partido de Azul. El ganado vacuno era entonces de 230.000 cabezas en Azul, mientras que en Olavarría era de 250.000; el caballar, de 15.000 y 46.000; el lanar, de 1.500.000 y de 1.900.000. La excepción era el porcino: 4.300 cabezas en Azul y 3.800 en Olavarría. Por último, esta exportaba 600.000 kilogramos de lana más que Azul.38
A propósito del prestigio de Olavarría, este se resume