La sociabilidad perdida. María del Carmen Angueira
industria lanzó, por primera vez al mercado mundial, el cemento San Martín, fabricado sobre la base de piedra calcárea, mezclada con arcilla calcinada y molida. La producción integraba el trabajo en las canteras y la supervisión del traslado de las piedras a la fábrica donde luego eran trituradas por toneladas. Se llegaban a moler 500 toneladas de piedra por hora.
El proceso industrial del cemento tuvo su comienzo cuando la arcilla extraída de las lomas era más tarde mezclada con la piedra calcárea molida y secada. Después, la mezcla molida se llevaba a los hornos giratorios de calcinación de 58 metros de largo por 3 de diámetro y era tratada a 1.500 grados.
La maquinaria era accionada por una usina de fuerza motriz de una potencia de 9.000 caballos de fuerza. Exigía un consumo de petróleo, proveniente de Comodoro Rivadavia, de 60.000 toneladas anuales. Luego, la molienda se sometía a otro mezclado, esta vez, de yeso traído casi todo de Río Negro en la cantidad de 7.000 toneladas al año. En mayo de 1917, la Compañía ocupaba a cuatrocientos trabajadores españoles especializados: electricistas, mecánicos y plomeros, y a otros sin calificación de Sierras Bayas y porteños. En 1929 producía anualmente más o menos 5.000.000 bolsas de 50 kilos y ocupaba a quinientos obreros.45
La Compañía Argentina de Cemento Portland debió llevar a cabo la construcción de obras civiles de la fábrica y obtener las condiciones necesarias para su proceso productivo. Es decir, ensamblar complicadas máquinas traídas del exterior, que fueron destinadas a la generación de electricidad y a la extracción de grandes volúmenes de agua potabilizada necesarias para la producción de cemento.
En función de ello, se inició un proceso de reclutamiento de trabajadores y se hicieron vastos albergues de madera para obreros de todas las especialidades oriundos de distintos lugares del país y el extranjero.
El producto que se impulsaba era nacional, con la finalidad de imponerlo en el mercado interno y desplazar de esa manera a los extranjeros.
Durante los primeros años de producción afrontaron serias dificultades en el mercado interno, que fue muy difícil ganar, porque los consumidores argentinos preferían el cemento importado aunque fuera más caro y, según decían, de menor calidad. Los directivos de la empresa no podían comprender tan contradictoria situación.46
El tipo de vínculo entre los obreros y la empresa Lone Star originó un sistema de explotación fabril donde la producción y reproducción de la mano de obra fueron integradas en una villa obrera.
El pueblo de Sierras Bayas, donde se radicó Lone Star, era una villa con una oferta de trabajo reducida para las demandas de la cementera. Además, la mano de obra existente no calificaba, estaban más adaptados a explotaciones mineras pequeñas y medianas, con bajo nivel de consumo.
Se creó una villa completa de amplios y sólidos chalets para los empleados jerárquicos de la fábrica y un conjunto de viviendas más modestas para los obreros y sus familias, con agua corriente, cloacas, luz eléctrica, hotel, parque, instalaciones deportivas, club social, auditórium, casa de comercio y fábrica de hielo.
Esta conjunción dio como resultado lo que José Sérgio Leite Lopes ha llamado “sistema de fábrica-villa obrera”, sistema que implica una forma específica de producción. Determina un tipo particular de relación entre el capital y el trabajo; a la vez, se obtiene un tipo de dominación por parte de las empresas que controlan ya no solo el ámbito productivo, sino que avanzan sobre el espacio doméstico. Este sistema se implementa en los casos de Sierras Bayas, Loma Negra y Calera Avellaneda desde 1919 y se extiende a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.47
En 1926 se instaló otra fábrica de cemento en Loma Negra, donde se utilizaron hornos ya existentes, propiedad de Alfredo Fortabat, y que dieron origen a los renombrados productos cemento Loma Negra y cal hidratada Cacique.
En 1929 la producción de cemento en Olavarría se estimaba en medio millón de toneladas anuales, lo que la convertía en proveedora principal de las reparticiones públicas argentinas.
A partir de ese momento, Olavarría emergió como la “ciudad del trabajo”, por la cantidad de obreros y empleados reunidos en torno a las actividades productivas y administrativas de las canteras en las zonas aledañas: Sierras Bayas, Sierra Chica, Loma Negra e Hinojo, y en la administración pública.48
2. Ver María del Carmen Angueira, “Otro proyecto político alternativo para la gestación del Estado argentino: Álvaro Barros y los orígenes de Olavarría”, Revista de Historia, Nº 4, marzo de 1994, pp. 52-54.
3. “Falleció en el hospital Coronel Olavarría, a la edad de 84 años, el cacique Juan José Catriel, quien tuvo una actuación ruidosa como jefe de una tribu numerosa de indios en el año 1874 en Olavarría, siendo su campo de correrías Azul, Tapalqué, Tandil y otros puntos inmediatos. Era hermano de Cipriano Catriel, quien gozó en su época de mayor popularidad y a quien acompañaba una fuerza mayor de aborígenes. Cipriano fue lanceado en el 75” (María del Carmen Angueira, “Orígenes del partido de Olavarría y sus transformaciones en 1880 y 1930: relevamiento bibliográfico y de fuentes como primera aproximación al estado de la cuestión”, mimeo, Olavarría, Facultad de Ciencias Sociales, 1990).
4. Ver Antonio Salvadores, Olavarría y sus colonias, Buenos Aires, 1937, pp. 20-21; Raúl Mandrini, “Desarrollo de una sociedad indígena pastoril en el área interserrana bonaerense”, Anuario, Nº 2, Tandil, 1987, p. 2.
5. Ver José Arena, Julio H. Cortés y Alberto Valverde, Ensayo histórico del partido de Olavarría, Municipalidad de Olavarría, 1967, pp. 302-303.
6. Ver María del Carmen Angueira, “Orígenes del partido de Olavarría…”, p. 2; Álvaro Barros, Indios, fronteras y seguridad interior, Buenos Aires, Solar-Hachette, 1975.
7. La Prensa, Buenos Aires, 2 de mayo de 1929.
8. El Popular, Olavarría, 7 de septiembre de 1924.
9. José Arena, Julio H. Cortés y Alberto Valverde, Ensayo histórico del partido de Olavarría, pp. 317-318.
10. Miguel Ángel González, Catrie Mapu: sociedad y cultura del indigenado en Azul, Olavarría, Museo Etnográfico Municipal Dámaso Arce, 1967, p. 5.
11. Ibídem, p. 47.
12. Ibídem, p. 11.
13. “Durante cuatro horas vimos sucederse los bosques de lanzas y los inmensos arreos de bueyes y caballos: se veían por lo menos 150.000 cabezas de ganado. Era admirable el buen orden con que esto caminaba. Esos interminables arreos de animales relinchantes y balantes, que no tenían sino una idea, la de escaparse y volver atrás, marchaban como de parada, mantenidos sin esfuerzo aparente, en filas apretadas y dóciles. A una señal del cacique todos habían montado a caballo en busca de otra patria. Las viejas llevaban sus gallinas, su gallo, su gato, en jaulas groseras; más lejos, y esto era menos patriarcal, se distinguían una calesa vacía, carruaje rodado, cuyos propietarios habían sido asesinados” (citado por Miguel Ángel González, Catrie Mapu, p. 14).
14.