Cada uno encuentra su solución. Mónica Torres
la mortificación significante entra tempranamente e impide que se desarrolle el goce que estaba en juego. Tomen esto poéticamente, no podemos pensar que porque una vez la madre le dijo esto va a ocurrir lo que ocurrió, pero sí podemos pensar qué clase de madre era. No impidió que el hijo fuera escritor, porque hay esa mortificación es que él pudo escribir, pero fue un depresivo, su goce quedó mortificado.
Esto le pasa a cualquier sujeto cuando empieza a hablar.
Lacan va a dar el ejemplo del pez que se traga el anzuelo. Para cuando el sujeto se tragó el anzuelo ya lo tiene clavado.
¿Qué es el anzuelo? El anzuelo es el discurso de los padres. Quiere decir que el sujeto ya es hablado por el discurso de los padres. Lacan también da el ejemplo del escriba que tiene que escribir los textos sagrados pero si se da cuenta lo que quieren decir, entonces hay que matarlo. Es decir, cuando el sujeto llega a saber algo de “los textos sagrados” de sus padres, ya está muerto. Muerto en el sentido de su propio goce de viviente, está mortificado por el discurso de los padres. Como dice mucho más adelante Lacan: somos hijos de “dos que ni se entienden ni se escuchan”. (7) Hay una frase de Lacan al final de su enseñanza y que es muy bella, donde dice que la vida sin duda reproduce, nadie sabe por qué ni para qué, cuando no hay relación para soportar la reproducción de la vida. (8) O sea que está diciendo que no hay relación sexual y que sin embargo los hijos vienen a este mundo. Es una cuestión que habla del sufrimiento del ser hablante en relación, sobre todo, a la mortificación significante que se llamará de diferentes maneras a lo largo de la enseñanza de Lacan. En la primera época, se llamará “el discurso del Otro” y después, se va a llamar “el malentendido entre los sexos” o “la no relación sexual”. Esto es lo que dice: hay reproducción de la vida, o sea hijos, pero no hay relación que la sostenga porque no hay relación sexual. Siempre recomiendo que tengan en cuenta esto, especialmente los psicoanalistas de niños porque se suelen enojar mucho con los padres. Pero padres no hay, hay dos sujetos: una mujer y un hombre que tienen un hijo.
En este paradigma, todo es significante y el significante se define porque mortifica al goce, por el flechazo, por el pez que se traga el anzuelo, por el escriba. Cuando Miller habla del flechazo del significante, se refiere muy bellamente a San Sebastián. ¿Ustedes recuerdan el cuadro del San Sebastián en el que es atravesado por las flechas? Esta imagen se usó para un afiche a propósito de un Encuentro sobre la perversión porque hay algo en el rostro de San Sebastián que remite al goce al ser atravesado por las flechas. Por eso habla del flechazo del significante, haciendo alusión al tormento de San Sebastián, porque el sujeto es mortificado por el significante. Hasta ahora mantenía el amor y el goce del lado de lo imaginario y el deseo del lado del significante. En este paradigma, todo el goce se torna significante y al no quedar lugar para el goce, Lacan se encuentra con un irreductible. Por eso el siguiente paradigma se llama “del goce imposible”, ya que al volverse todo significante, todo simbólico, el goce se le torna imposible.
El goce imposible está presente en el Seminario 7, La ética del psicoanálisis, así como la mortificación de Antígona. ¿En qué está basada la mortificación de Antígona? Está basada en que ella quiere enterrar al hermano, o sea, quiere una tumba. Y no hay nada más referido al significante que la tumba, porque la tumba es la inscripción del nombre en una lápida, es puro significante, es puramente del orden simbólico. Entonces, lo que Antígona busca es que su hermano tenga una tumba donde su nombre esté escrito. Busca esto y se deja matar para obtener la dignidad de la lápida para su hermano. Los dos ejemplos que toma Lacan en este seminario son: por un lado, Antígona y por el otro, “Kant con Sade”. ¿Por qué? Porque Kant es puro significante y Sade es puro goce. La verdad de Kant en tanto significante y en tanto lo que se debe hacer, es Sade. Para Kant, cada uno deberá elegir lo que se debe hacer según lo que no dañe al otro. Por ejemplo, si tiene que elegir entre pasar la noche con la dama de sus sueños o salvar a su amigo, elegirá salvar a su amigo. Y entonces Lacan dice: “¡De ninguna manera!” Porque ahí de lo que se trata es del goce. Porque la verdad de Kant es Sade. Porque en Kant está el superyó, es el superyó hablando. Su propia vida fue regida desde ahí. Estuvo encerrado toda su vida en una torre escribiendo, salía a dar una vueltita y nada más. Un día se vio obligado a subir a la carroza de una princesa, perdió quince minutos y casi se vuelve loco, y dijo: “Nunca más vuelvo a caminar por acá”. Por otro lado –y es lo que es más difícil de ver–, la verdad de Sade es Kant. En Sade, con todo su goce desatado, hay una maquinaria muy precisa: hay que gozar así, y así y así y así. De hecho Sade termina preso. Preso y mortificado. Él daba máximas de la perversión que se transformaron en kantianas. Es decir, es una perversión kantiana. Hay un artículo de María Inés Negri en la Revista Enlaces Nº 9 que se titula “La verdad de Sade” (9) donde ella trabaja este tema.
Así es que Lacan se encuentra con otro atolladero. Antes el atolladero era que todo el goce era significante, luego que el goce es imposible, ahora el problema es que entonces ¿de qué goza el sujeto? Así es que pasa al otro paradigma que es sobre “el goce fragmentado o normal”. El goce es fragmentado porque se refiere a los objetos a en su relación con los orificios del cuerpo: el objeto anal y el objeto oral que ya estaban en Freud, y el objeto mirada y el objeto voz que son los objetos que agrega Lacan. Están referidos a los bordes del cuerpo, los agujeros del cuerpo que hacen borde con el Otro. Pero Miller, en La experiencia de lo real…, para hablar de este cuarto paradigma toma el Seminario 11, no toma el Seminario 10. Porque en el Seminario 10 no está tan domesticada ni tan arreglada la cuestión del goce, como sí lo está en Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. En el medio, Lacan dedica el Seminario 8 para hablar del amor de transferencia, o sea que del goce imposible pasa al amor de transferencia. El Seminario 8 entonces es sobre el amor, el Seminario 9 sobre la identificación y el Seminario 10 sobre la angustia, la angustia referida al goce del cuerpo. Lacan siempre encontró que hay un resto de la operación significante, siempre hay algo que cae de la operación significante. Esto está muy claro en la lectura que Miller hace del Seminario 10. La paradoja respecto de qué hacer con ese resto de la operación significante se le aparece en el segundo paradigma, donde el goce es significante, y en el tercer paradigma, con el goce imposible. Digo “paradoja” porque es una solución falsa: si todo es significante, el goce es imposible; entonces ¿cómo salimos de esto? Está la solución del Seminario 8 que es sobre el amor de transferencia y está la solución del Seminario 10 que se ocupa del resto de goce que sobrevive a la operación significante.
Del cuerpo imaginario al cuerpo real
Miller utiliza aquí (10) las letras de la fórmula de la sexuación para explicar que la angustia hace objeción al “para todos” del significante:
Para todo hombre existe la solución fálica, salvo que existe una “x” que no se puede regir por la lógica significante. Porque hay una “x” que impide que se cumpla la lógica del para todos significante; una “x” que es igual al objeto a. La angustia es esa objeción al para todos del significante. El objeto aparece aquí como una excepción a la lógica del significante. No todo es fálico. La lógica del falo simbólico y la lógica significante son la misma. ¿Qué hace objeción a esto? Hace objeción a esto una x que es el objeto a. Este objeto es causa de deseo y es también plus de goce. Al principio de su enseñanza, Lacan denominará a este objeto como objeto del deseo, por ejemplo en el grafo del deseo aparece en la fórmula del fantasma pero en cambio aquí, en el Seminario 10, se trata del goce, por lo tanto, el objeto es plus de goce. Es que el objeto a es a la vez objeto causa del deseo, objeto de goce y también objeto de amor.
Entonces, el objeto aparece aquí como una excepción a la lógica del significante y es a partir de este seminario que comienza además un desplazamiento de la falta, que hasta ahora estaba del lado femenino como privación. Aquí la falta se desplaza de la falta en la mujer, -φ, a la angustia por la detumescencia del órgano en el varón.
El goce queda del lado de lo real del cuerpo, se trata de la detumescencia del órgano, porque no hay ningún otro órgano que pruebe de tal manera la erección y la caída. La erección y la detumescencia y que además esto ocurra en el acto sexual. Esto le