Perspectivas de la clínica de la urgencia. Ines Sotelo
de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Docente de la Práctica Profesional Clínica de la Urgencia. Jefe del Servicio del Hospital Central de San Isidro. Investigador UBACyT. E-mail: [email protected]
En los inicios: inhibición - síntoma - angustia
El diagnóstico en la urgencia: ¿síntoma o trastorno? GUSTAVO SOBEL (*)
Psicoanálisis y medicina
Para introducirnos en el tema del diagnóstico en la urgencia les propongo comenzar por contextualizar el campo clínico en que dicha práctica se desarrolla. La clínica de la urgencia subjetiva implica un modo de realización del psicoanálisis aplicado a la terapéutica, que supone la inserción de la práctica analítica en un dispositivo que le es ajeno, que no está regido por su discurso sino por el de la medicina. Me refiero a las guardias externas de los hospitales, lugar donde se comenzó a pensar la praxis del psicoanálisis en términos de urgencias subjetivas. De allí, que cuando abordamos el diagnóstico en este ámbito, nos introducimos en problemáticas en las que se produce la intersección del discurso del psicoanálisis con el de la medicina.
Comenzamos entonces por ubicar a la clínica de la urgencia en el ámbito del psicoanálisis aplicado, en tanto que hace un uso de un dispositivo que le es ajeno. Esto nos lleva a interrogarnos acerca de cuál es el modo en que el psicoanalista hace jugar su discurso en la extraterritorialidad de su campo. Para orientarnos en esta intersección y ubicar con qué política el psicoanálisis aborda el diagnóstico seguimos a Lacan en su artículo “Psicoanálisis y medicina” (1).
Una perspectiva interesante de este texto es que si bien el título se refiere a la medicina, en tanto disciplina, en varios de sus párrafos habla de la persona del médico. Luego de hacer un racconto del lugar jerarquizado que tenía el médico en la sociedad, hasta el advenimiento de la ciencia en la era industrial, dice: “...el médico ya no tiene nada de privilegiado en la jerarquía de ese equipo de científicos diversamente especializados en las diferentes ramas científicas. Desde el exterior de su función, principalmente en la organización industrial, le son proporcionados los medios y al mismo tiempo las preguntas para introducir las medidas de control cuantitativo, los gráficos, las escalas, los datos estadísticos a través de los cuales se establecen, hasta la escala microscópica, las constantes biológicas y se instaura en su dominio ese despegue de la evidencia del éxito que corresponde al advenimiento de los hechos” (2).
Se puede ver, a través de esta cita, cómo la relación del médico con su práctica se ha transformado por la industrialización. El formidable desarrollo de la bioquímica y los usos de la estadística han permitido una fuerte ganancia en términos de eficacia. El revés de este éxito implica un costo; el médico ve su función cada vez más reducida a la de un operador o administrador de protocolos, jaqueado por las presiones de los laboratorios, los sistemas de salud y la judicialización de su práctica. La consecuencia de la creciente atención que le debe prestar a estos diferentes factores no deja de incidir a la hora de enfrentarse al sufrimiento del paciente.
En relación con esta problemática es que Lacan se pregunta y responde: “¿Dónde está el límite en que el médico debe actuar? y ¿a qué debe responder? A algo que se llama la demanda” (3). La pregunta precisa que formula sobre el límite como el médico debe responder a la demanda del paciente, abre un espacio en el que el psicoanálisis tiene algo para decir, en la época en que la ciencia reina, con respecto al sufrimiento del “ser hablante”.
Este aporte lo podríamos ubicar en dos puntos. Con respecto a la demanda de ser curado (más aun en lo que atañe al ámbito de la salud mental) es necesario estar advertido que esta demanda siempre mantendrá una diferencia con el deseo inconsciente que la sostiene. El segundo punto, resaltado en este artículo, es que: “el cuerpo es algo que está hecho para gozar, gozar de sí mismo” (4). La presencia de la manifestación del cuerpo en tanto goce introduce diferentes perspectivas en el campo clínico que van más allá de la enfermedad como disfunción de un organismo. Posición que sostiene la medicina, en tanto que toma al cuerpo en la perspectiva de la fisiología.
Para concluir esta parte quisiera dejarles una cita, de este mismo artículo, donde se patentiza la estrecha relación que une el psicoanálisis a la medicina; dice: “…treinta años antes [Freud] inventó lo que debía responder a la subversión de la posición del médico por el ascenso de la ciencia: a saber, el psicoanálisis como praxis” (5).
Y hacia el final del texto concluye: “¿Qué podrá oponer el médico a los imperativos que lo convertirán en el empleado de esa empresa universal de la productividad? El único terreno es esa relación por la cual es médico; a saber la demanda del enfermo. En el interior de esta relación firme donde se producen tantas cosas está la revelación de esa dimensión en su valor original, que no tiene nada de idealista pero es exactamente lo que dije: la relación con el goce del cuerpo” (6).
Pasamos ahora al segundo punto.
¿Qué es un síntoma, qué es un trastorno en medicina?
Para introducirnos de lleno en nuestro tema comenzaremos por ubicar los términos de síntoma y trastorno en medicina. La definición de síntoma la tomo de un viejo manual de psiquiatría que encontré en mi biblioteca (7). Esta definición implica la contraposición en la semiológica médica entre síntoma y signo; al signo lo define del siguiente modo: “Son los fenómenos objetivos que presentan el enfermo, perceptibles en forma directa por el observador, como los gestos, posturas, particularidades del lenguaje, etc.” (8). En contraposición, de los síntomas dice: “Son aquellos hechos patológicos a los cuales solo se tiene acceso por el relato del enfermo; son datos subjetivos que él transmite y que puede concordar o no con los signos” (9).
De estas definiciones se infiere porqué el psicoanálisis, desde sus inicios, se valió del concepto de síntoma para construir su sistema diagnóstico. En tanto su interés está centrado en las manifestaciones subjetivas de la enfermedad, el síntoma le permite tomar la vertiente de singularidad del sufrimiento y le da su especificidad al contraponerlo a la universalización de los signos objetivables.
Le dedicaremos mayor atención al término trastorno. Este término se ha difundido de modo amplio en los ámbitos “psi”, a partir de la generalización del uso del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV) (10) realizado por la American Psychiatric Association. La aceptación de este manual en la práctica de la psiquiatría contemporánea ha tenido como consecuencia la convalidación del uso del psicofármaco como principal modo de tratar los trastornos allí descriptos, la reubicación de la psiquiatría dentro de las especializaciones de la medicina al mismo tiempo que su alejamiento del psicoanálisis.
Nos detenemos en la definición de trastorno según este manual, donde dice: “A pesar de que este volumen se titula Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, el término «trastorno mental» implica, desafortunadamente, una distinción entre trastornos «mentales» y «físicos» (un anacronismo reduccionista del dualismo mente/cuerpo). Los conocimientos actuales indican que hay mucho de «físico» en los trastornos «mentales» y mucho de «mental» en los trastornos «físicos». El problema planteado por el término trastornos «mentales» ha resultado ser más patente que su solución, y, lamentablemente, el término persiste en el título del DSM-IV, ya que no se ha encontrado una palabra adecuada que pueda sustituirlo”.
“Es más, a pesar de que este manual proporciona una clasificación de los trastornos mentales, debe admitirse que no existe una definición que especifique adecuadamente los límites del concepto «trastorno mental». El término «trastorno mental», al igual que otros muchos términos en la medicina y en la ciencia, carece de una definición operacional consistente que englobe todas las posibilidades” (11).
¡Atención! A no confundirse. El texto que acabamos de citar no es una crítica al DSM-IV, sino todo lo contrario, su propio fundamento. ¿Cómo entender que este término central, que todos usamos en nuestros intercambios clínicos, esté planteado con tanta relatividad, con tantas reservas