Perspectivas de la clínica de la urgencia. Ines Sotelo

Perspectivas de la clínica de la urgencia - Ines Sotelo


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de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Docente de la Práctica Profesional Clínica de la Urgencia. Jefe del Servicio del Hospital Central de San Isidro. Investigador UBACyT. E-mail: [email protected]

      Psicoanálisis y medicina

      Para introducirnos en el tema del diagnóstico en la urgencia les propongo comenzar por contextualizar el campo clínico en que dicha práctica se desarrolla. La clínica de la urgencia subjetiva implica un modo de realización del psicoanálisis aplicado a la terapéutica, que supone la inserción de la práctica analítica en un dispositivo que le es ajeno, que no está regido por su discurso sino por el de la medicina. Me refiero a las guardias externas de los hospitales, lugar donde se comenzó a pensar la praxis del psicoanálisis en términos de urgencias subjetivas. De allí, que cuando abordamos el diagnóstico en este ámbito, nos introducimos en problemáticas en las que se produce la intersección del discurso del psicoanálisis con el de la medicina.

      Se puede ver, a través de esta cita, cómo la relación del médico con su práctica se ha transformado por la industrialización. El formidable desarrollo de la bioquímica y los usos de la estadística han permitido una fuerte ganancia en términos de eficacia. El revés de este éxito implica un costo; el médico ve su función cada vez más reducida a la de un operador o administrador de protocolos, jaqueado por las presiones de los laboratorios, los sistemas de salud y la judicialización de su práctica. La consecuencia de la creciente atención que le debe prestar a estos diferentes factores no deja de incidir a la hora de enfrentarse al sufrimiento del paciente.

      Pasamos ahora al segundo punto.

      ¿Qué es un síntoma, qué es un trastorno en medicina?

      De estas definiciones se infiere porqué el psicoanálisis, desde sus inicios, se valió del concepto de síntoma para construir su sistema diagnóstico. En tanto su interés está centrado en las manifestaciones subjetivas de la enfermedad, el síntoma le permite tomar la vertiente de singularidad del sufrimiento y le da su especificidad al contraponerlo a la universalización de los signos objetivables.

      Nos detenemos en la definición de trastorno según este manual, donde dice: “A pesar de que este volumen se titula Manual Diagnós­tico y Estadístico de los Trastornos Mentales, el término «trastorno mental» implica, desafortunadamente, una distinción entre trastornos «mentales» y «físicos» (un anacronismo reduccionista del dualismo mente/cuerpo). Los conocimientos actuales indican que hay mucho de «físico» en los trastornos «mentales» y mucho de «mental» en los trastornos «físicos». El problema planteado por el término trastornos «mentales» ha resultado ser más patente que su solución, y, lamentablemente, el término persiste en el título del DSM-IV, ya que no se ha encontrado una palabra adecuada que pueda sustituirlo”.

      ¡Atención! A no confundirse. El texto que acabamos de citar no es una crítica al DSM-IV, sino todo lo contrario, su propio fundamento. ¿Cómo entender que este término central, que todos usamos en nuestros intercambios clínicos, esté planteado con tanta relatividad, con tantas reservas


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