Perspectivas de la clínica de la urgencia. Ines Sotelo

Perspectivas de la clínica de la urgencia - Ines Sotelo


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con las estadísticas generales del hospital y con la perspectiva psicoanalítica de que los pacientes perversos no suelen demandar tratamiento.

      Desde la perspectiva del DSM IV los trastornos de mayor frecuencia son: 21% consumo de sustancias; 18% trastorno de ansiedad y 16% trastorno depresivo, presentándose un 11% de trastornos delirantes. El resto de las modalidades clínicas que se han presentado son menores al 10%.

      En lo particular, elegiremos un recorte clínico en el que podría situarse la relación entre acontecimiento traumático, ansiedad y urgencia:

      Patricio va por la autopista, y conduciendo su auto hacia el trabajo comienza a sentir inquietud, sudoración, sensación de ahogo, opresión en el pecho, trata de controlarse y no lo logra. Los síntomas van en aumento y comienza a invadirlo la idea de que va a morir y que padece un infarto. Logra salir de la autopista y se queda allí por largo rato esperando que el ansiolítico que desde hace un año lo acompaña, haga su efecto.

      En realidad el último tiempo ha sido vertiginoso: la situación del país, el riesgo de perder el trabajo, malas inversiones sobre lo que creía era dinero seguro, los reclamos de su mujer. Los problemas se incrementaban pero logró mantener cierto equilibrio y control hasta que esta irrupción sintomática lo desestabiliza y el pánico lo invade. El peligro ronda todo el tiempo en su cabeza y lo que es peor, ha atravesado la barrera de los ansiolíticos: si bien lo alivian no lo protegen, se ha sumergido en la incertidumbre.

      Se dirige a la guardia del hospital donde descartan el infarto, que él creía seguro. El equipo de urgencias ofrece una entrevista con un psicoanalista, un lugar para decir, para poner a hablar todo este sufrimiento signado por el exceso, por lo que aparece como sin límites.

      Se realizaron varias entrevistas a lo largo de la semana, citándolo día a día. Los síntomas que aparecieron de golpe, como ajenos a él mismo, se ordenan de una manera particular, en el discurso que se despliega en relación a la persona del analista. Allí cobra una dimensión nueva un acontecimiento que lo ha conmocionado: será padre de un varón. Lo que pondrá en perspectiva la vertiginosa relación con su propio padre: “Era como vivir en la montaña rusa”.

      El paciente descubre que la realidad actual le ha dado letra, le ha dado un texto que durante un tiempo le permitió encontrar un “sentido común” a sus síntomas y un remedio común a los mismos: los psicofármacos o las psicoterapias en base a sugestión que bajan la ansiedad y que mejoran el rendimiento laboral.

      Patricio transita el camino que va del vértigo al que el padre lo conducía, a su propio vértigo de convertirse en padre. Con esta legibilidad, el pánico abandona el centro de la escena.

      El alojamiento en el dispositivo ha producido un primer efecto de alivio, pero fundamentalmente lo posiciona en otro lugar: más allá de la contingencia de vivir en este país, este sufrimiento inundante le es propio. Es allí donde situamos la “urgencia” subjetiva y el fin de la misma, con la que el sujeto llega a la consulta.

      El dispositivo como lugar de alojamiento

      En los modos actuales del malestar en la cultura, el hombre va perdiendo su pertenencia, y la sobremodernidad tal como lo llama Marc Augé, desaloja a los sujetos en tanto tales con sus múltiples experiencias y propuestas de soledad, abandono y pérdida de lazos.

      Los servicios de urgencia atienden con mayor frecuencia patologías tales como crisis de ansiedad, pánico, angustia, conducta violenta y riesgo de suicidio, a las que habría que añadir todas las relacionadas con la ingesta de tóxicos.

      La angustia traumática –ese afecto que no engaña–, es uno de los motivos más frecuentes de consulta en la urgencia. La variedad de elementos somáticos –síntomas respiratorios, cardiovasculares, digestivos, neuromusculares– y psíquicos –inquietud, perplejidad, desaliento, terror, duda–, configuran un cuadro, una escena en la que el sujeto pierde su anclaje y se sitúa en el borde de un abismo experimentando el vértigo entre la fascinación y la amenaza.

      El paciente que presentamos es sin duda un sujeto de la época: compelido a la búsqueda de bienes y de felicidad que lo conduce al “malvivir” frenético y ansiógeno. Vacío, miedo y la sensación de peligro e inseguridad indeterminable e incalculable, lo conducen a la consulta en un estado de ansiedad insoportable. Llega más cerca del grito que del llamado, ante la emergencia de lo real sin ley –como decíamos–, en oposición a un mundo que tiene una trama organizada como matriz imaginario-simbólica de tradiciones e ideales.

      La vivencia subjetiva de “no hay tiempo”, lo conduce a la búsqueda de soluciones regidas por un programa, tal como es el uso indiscriminado de psicofármacos.

      Siguiendo las enseñanzas de Freud, descubrimos que el programa de la civilización está ligado a la figura del superyó, mientras que el psicoanálisis es una ética que se inscribe en contra del mismo, y por lo tanto en contra de cualquier tentativa terapéutica que proponga una adaptación del individuo a los programas de homogeneización de cada época.

      El dispositivo clásico de guardia contempla la evaluación, alivio sintomático y finalización de la urgencia a través de intervenciones protocolizadas. El dispositivo que se ofrece a través del Equipo de Urgencias en el Hospital de San Isidro, se propone alojar al sujeto en urgencia, uno por uno, localizando el acontecimiento traumático o las coordenadas en las que la irrupción sintomática aparece. Así, el decir se desplegará a lo largo de las entrevistas que sean necesarias para que se produzca un movimiento de subjetivación de la urgencia, es decir, hasta alcanzar el momento de concluir de la misma.

      Trama particular, única, que abriendo la vía del sentido bordea el más allá, límite de lo real que la urgencia presentifica.

      En conclusión, el diseño del dispositivo como lugar de alojamiento del sujeto que proponemos, supone una lógica particular en relación al tiempo: frente a la prisa por concluir que el paciente exige, el analista propone abrir un tiempo de comprender, tiempo en el que se articularán: urgencia, trauma y síntoma.

      El equipo de investigación estuvo integrado por: Directora: Lic. María Inés Sotelo; Codirector: Médico Guillermo A. Belaga; Investigadores de apoyo: Lic. Marta Coronel; Lic. Jimena Jorge; Lic. Lucas Leserre; Lic. Viviana Loponte y Lic. Patricia Corazza.

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