Perspectivas de la clínica de la urgencia. Ines Sotelo
siempre al sujeto.
Hay que tener juntos los dos puntos de vista sobre el derecho y el revés del trauma, que escribimos con J.-A. Miller:
Es lo que hace a la originalidad del psicoanálisis en el conjunto de las terapias del trauma por la palabra. El recurso generalizado a las psicoterapias post-traumáticas, propias de nuestra civilización, nos da nuevos deberes y nuevas responsabilidades. Es la ocasión de hacer oír la singularidad del discurso psicoanalítico en una experiencia clínica compartida. Es aun más necesario porque sabemos del mundo después del 11 de septiembre de 2001, que nos llevará, sin ninguna duda, por nuestra desgracia, a intervenir después de un trauma u otro. Freud nos había dejado el siglo XX con “el malestar en la civilización”. ¿Quizás el siglo XXI nos lleve a hablar más bien de la “civilización y su trauma”?
*- Eric Laurent es psicoanalista, Delegado General de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), miembro de la Ecole de la Cause Freudienne (ECF) y de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL). Artículo publicado en Virtualia -Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana-. Junio-julio 2002, año II, Nº6. Conferencia dictada en Nueva York el 27 de abril de 2002.
¿Qué hace un psicoanalista en la urgencia? INÉS SOTELO
“El desafío será proseguir nuestro diálogo entre el psicoanálisis como práctica y la civilización que es nuestro partenaire”. Eric Laurent
Los caminos de la transferencia de trabajo
En el año 1990, hace ya muchos años, se abrían en varios hospitales de la Ciudad de Buenos Aires, las residencias para psicólogos que hasta ese momento solo existían en los hospitales psiquiátricos nacionales y en el hospital de niños Ricardo Gutiérrez.
Siendo parte del contrato cumplir con una guardia semanal, la pregunta “¿Qué hace un psicoanalista en la urgencia?” atravesó durante varios años la práctica de los residentes psicólogos formados en su mayoría en la Universidad de Buenos Aires, y con un fuerte deseo en muchos de ellos de prepararse para integrar algún día el “banquete de los analistas”.
La carrera analítica, afirma Miller, es la que ante todo conduce de analizante a analista (1).
La política en juego inicia y condiciona la apertura del espacio de formación, en la que intervinimos quienes fuimos responsables del diseño de los programas en los hospitales, y se articulará luego con la estrategia y la táctica; la primera ligada a la transferencia en la que confluyen el análisis, el control, los espacios de estudio y transmisión, ya que como afirma Lacan “la enseñanza del psicoanálisis no puede transmitirse de un sujeto a otro sino por los caminos de una transferencia de trabajo...” (2). Por su parte la táctica estará vinculada con su práctica en los espacios en los que el analista en formación decide incluirse: hospitales, clínicas, escuelas, juzgados, admisiones, guardias, consultorio.
Psicoanálisis ¿puro o aplicado?
Las instituciones asistenciales no son por cierto “ciudades analíticas”, sino que allí confluyen profesionales de diversas especialidades: psicólogos, psiquiatras, médicos, trabajadores sociales, enfermeros, todos lectores de un hecho de discurso tal como es “el sufrimiento humano estructurado como un mensaje” (3).
La lectura, interpretación, diagnóstico, pronóstico e intervenciones, serán establecidos según el paradigma que sostiene cada una de estas prácticas, que difieren entre sí del concepto de síntoma, de sujeto, y por supuesto, de cura.
En el año 1964 Lacan dicta su Seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Miller nos explica que un concepto encierra dos nociones: la intensión y la extensión, y que son errores frecuentes creer por ejemplo que la intensión se reserva para la elite iluminada y la extensión para la plebe, así como que el especialista que pertenece a uno de estos círculos se excluye del otro. La extensión de un concepto, en realidad, designa los elementos que caen bajo su campo, y la intensión concierne a la definición de criterios de pertenencia a este conjunto (4).
¿Quién está allí?, es la pregunta sobre la extensión, mientras que ¿a qué condiciones deben responder los elementos que están allí?, es el interrogante acerca de la intensión.
En la “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, Lacan se referirá al psicoanálisis en extensión como el psicoanálisis en el mundo y en intensión como el que prepara a sus operadores, los analistas.
Así podríamos inferir que en tanto hay psicoanalistas en diversos lugares en las organizaciones de la cultura dejando su marca, hay extensión del psicoanálisis. Del mismo modo solo après-coup, cuando se ha llegado al final del análisis, pasaje del psicoanalizante a psicoanalista, podemos sostener que ha habido psicoanálisis en intensión.
En este texto fundamental, Lacan define al psicoanálisis como una experiencia original que tiene dos momentos de garantía: el inicio y el final. ¿Cómo se inician los análisis? Sabemos que “en el comienzo está la transferencia” (5). Sujeto supuesto al saber que como pivote de la misma será soportado por un psicoanalista cualquiera, devenido significante Sq. Lo no sabido, entonces, se ordena como marco de saber y el analista, a través de las “emboscadas del amor de transferencia”, como Sócrates, “detenta la significación que engendra al retener esa nada”.
El deseo del analista opera ocupando su lugar de X, y “el ser de deseo alcanza el ser del saber para reconocer en su anudamiento en una banda de borde único donde se inscribe una sola falta, lo que sostiene el agalma” (6).
En el comienzo, entonces hay psicoanalistas que con su práctica sostienen la transferencia en sus dos vertientes, la de saber y la vertiente libidinal, pulsional, que llega a localizarse muchas veces por esa marca que dejó un analista cualquiera, cuando leyendo ese hecho de discurso que se presentó por ejemplo en una guardia, se dirigió al sujeto de manera inolvidable (7).
Los psicoanalistas practicantes en las instituciones suelen verificar que cierta intervención ha producido en el sujeto un efecto de conclusión de la urgencia que precipitó el inicio de un análisis, o por lo menos la demanda de un tratamiento.
No siendo un dispositivo clásico, propició sin embargo un efecto de subjetivación en tanto allí hubo alguien atravesado por el discurso analítico sosteniendo su apuesta, afirmando Eric Laurent que para Lacan la psicoterapia no existe sino que habla de ”proyectos terapéuticos” , articulando psicoanálisis puro y aplicado, donde lo que está en juego es la terapéutica (8).
La hipótesis de Graciela Brodsky es que si solo ubicamos el algoritmo de la transferencia en aquellas situaciones donde la intervención analítica no es standard, se corre el riesgo de que aparezca la idea de que se trata de sugestión, en cambio, al considerar la dimensión pulsional del lazo analítico, “es posible aceptar que en ese autismo de a dos al que Lacan reduce la experiencia analítica en su última enseñanza, el objeto a, puede ser el último recurso con el que el sujeto consigue establecer su lazo con el Otro, y que este lazo, no motivado por la suposición de un sujeto al saber, es decir por la suposición del inconsciente, puede ser suficiente para que el analista encuentre su lugar” (9).
¿Qué se lee en una urgencia?
Hemos abordado en textos anteriores, Tiempos de urgencia y Clínica de la urgencia, los modos de esta presentación clínica, que más allá de la singularidad de cada caso, siempre confronta al sujeto con el exceso: ruptura aguda, quiebre del equilibrio con que la vida se sostenía, quiebre de los lazos con los otros, con el trabajo, con los pensamientos o con el propio cuerpo, irrupción de lo real, del fuera de sentido que conduce al sujeto al abismo, al grito sin articulación significante.
La perplejidad en un episodio psicótico nos muestra este fenómeno con total claridad. En la neurosis, aunque el dirigirse a una guardia o admisión den cuenta ya de