Comunicación en sesión. Eduardo Issaharoff
los deseos eróticos y sus interferencias, tienen una ubicación categorial como estructuras de intercambio o movimientos dentro del funcionamiento emocional humano. En esa noción de “aparato psíquico” se podrían integrar conceptos de Freud y autores posfreudianos.
Otros contenidos importantes dentro del aparato psíquico
La noción de representación constituía para Liberman una de las unidades de microrregistro a la manera de los contenidos básicos dentro de esta estructura. Le preocupaba en particular un estatus para ciertas representaciones no contempladas o, por lo menos, no suficientemente categorizadas, además de las representaciones ideativas o pulsionales que se referían a cómo estaba registrado el cuerpo en sus peculiaridades microscópicas. Incluye también el símbolo como una especie de estructura de representación propia del aparato, contribución importante y un tanto compleja que responde, a nuestro criterio, a conceptos que en el psicoanálisis contemporáneo se detectan a través de otras modalidades formulativas.
Por lo demás, el aparato psíquico, además de ser el ámbito conceptual en el cual se estudian las vicisitudes que ya hemos comentado (psicosexualidad, interferencias culturales y valorativas, interjuego entre las instancias) tendría que contener la noción de “intercambio”.
Es decir, tendría que estar conceptualizado considerando la noción del intercambio y de procesamiento de las distintas modalidades comunicativas. En la sexualidad, el erotismo, los valores y el impacto de los personajes significativos que la teoría analítica capta como teoría de la identificación implican también modos de procesar información en el propio cuerpo de los deseos del mundo intersubjetivo. Este procesamiento de entradas y salidas es también entendido como un proceso comunicativo o semiótico en el cual el ser humano está permanentemente sumergido y donde hay que entender el aparato psíquico como el marco que contiene y determina este tipo de procesamiento, que conecta modalidades relacionales de la historia del sujeto con modalidades relacionales de intercambio a nivel de la existencia cotidiana, como así también en el campo del proceso clínico terapéutico.
El aparato psíquico, en tanto estructura más global de un diseño psíquico de funcionamiento interior del sujeto, va a intervenir en los procesos de decodificación del propio interior y del mundo exterior, así como en los procesos de armado de las distintas informaciones que van instalándose en el mundo interior. Esto implica entender las vicisitudes humanas como procesos comunicativos e informativos, que incluyen en su ámbito las relaciones del sujeto con sus propias vicisitudes corporales e intersubjetivas en el campo complejo de las posibilidades relacionales.
El aparato psíquico, entonces, será entendido como un ámbito de registros de representaciones variadas, de señales y de mensajes, pero en los planos que el psicoanálisis ha estudiado como el de la afectividad, el erotismo, la valoración, las prohibiciones y los permanentes conflictos a los que el ser humano se va a enfrentar en sus microsistemas relacionales y en sus macrosistemas relacionales, con sus núcleos relacionales más inmediatos y más globales en el campo sociocultural.
Las nociones sobre el inconsciente
En la perspectiva de Liberman, el inconsciente es una de las estructuras básicas estudiadas por el psicoanálisis, que subyace a toda expresividad y problemática humana. Desarrolla un desborde de las zonas que clásicamente se estudiaron en relación a representaciones pulsionales, excluidas de la conciencia por determinado tipo de conflictos. Incluye representaciones con distinto grado de complejidad (mencionábamos anteriormente a los símbolos, los cuerpos y otras categorías); es decir, por un lado se insiste en el funcionamiento del inconsciente con contenidos de distinto grado de complejidad y por otro, la noción de inconsciente también necesita conectarse con expresiones específicas en el campo de la observación clínica en la sesión psicoanalítica. En efecto, se trata de un complejo sistema heterogéneo que necesita ser examinado a través de sus expresiones, que en la sesión se llamarían “indicios” y que van a ser estudiados a través de modelos que permitan una adecuada descripción, vinculado con la semiótica, la comunicación o el lenguaje. Es decir que la noción de inconsciente necesita un cuerpo expresivo desde el cual se puedan inferir sus funcionamientos.
Aportes al concepto del “yo”
Uno de los aportes más interesantes que esa línea de estudio ha aportado en el campo del psicoanálisis es el que hace el concepto de “yo”, el cual debería diferenciarse, a nuestro criterio, tanto del concepto del yo función en Freud en sentido estricto, como el del conjunto de funciones de la obra de Heinz Hartmann y algunos de los teóricos de la Ego Psychology.
Para Liberman, el yo constituye una estructura coordinativa entre lo que podríamos llamar “distintas zonas de interés existencial”. Es una especie de unidad gestáltica, que necesita conectar, o que desarrolla conexiones entre experiencias que se introducen al mundo interior del sujeto, provenientes tanto de este mismo mundo interior, como de los distintos productos del mundo intersubjetivo.
La función yoica sería una manera de procesar experiencias que se interiorizan, que el sujeto necesita incorporar y procesar, e incluso transmitir hacia afuera algunos de sus productos. Podríamos decir, entonces, que el concepto “yo” tiene un núcleo comunicativo semiótico procesal, y que presenta el interés de que es una estructura que se va a desarrollar a lo largo de la existencia del sujeto y en el curso de su historia existencial o historia identificatoria, influencias que el mundo intersubjetivo va a ir agregando en la estructuración de su psiquismo.
Las funciones yoicas corresponden a estructuras de complejización creciente. Para formularlas conecta el aporte de la teoría de la comunicación con el esquema clásico del desarrollo psicosexual de Freud-Abraham, pero agregándole una escala psicopatológica nosográfica. Esta modelización tiene implicancias, pues las funciones yoicas pueden funcionar de manera productiva, hipertrofiada o insuficiente. Y esas vicisitudes de mantenimiento productivo, disminución o hipertrofia constituyen uno de los ejes con los que Liberman diseñará alternativas patológicas y clínicas.
Podría decirse, entonces, que en esa complejización progresiva, el concepto de función yoica implica internalización, procesamiento y emisión. ¿Cuál sería la esquematización de estos funcionamientos en una escala diacrónica, o en una escala de procesamiento a lo largo del desarrollo histórico del sujeto, examinado desde distintas perspectivas psicoanalíticas?
Habría un primer momento en que el sujeto registra totalidades sin matizar diferencias; en un segundo momento registra diferencias sin poder articularlas con la noción de totalidad; en un tercer momento existiría un énfasis de la acción directa; en un cuarto momento, se organizarían situaciones de discriminación y compartimientos de diferenciación interior y exterior; en un quinto momento, el sujeto podría empezar a desarrollar sistemas de anticipación; y en un sexto momento, una cierta armonización de estas distintas perspectivas, sobre todo en el plano que interesa para el estudio psicoanalítico del desarrollo, es decir el de la conexión entre lo que entra al mundo interior, lo que es procesado y lo que después se expresa en el ámbito de las problemáticas que al psicoanálisis le interesa enfatizar. Es decir, las problemáticas afectivas, las vinculares, las valorativas, las interferentes, en el intercambio entre el sujeto con otros, estudiado a través de la historia identificatoria y existencial.
Relación de las funciones yoicas con los modelos psicopatológicos
Este es uno de los intereses fundamentales de Liberman: conectar el concepto de “función yoica” con variantes psicopatológicas, tratando de que en cada una de ellas se pueda ubicar algún funcionamiento característico. Al ubicarlas en una escala del desarrollo por un lado, y en el contexto relacional comunicativo por otro, pretendía que el concepto “función yoica” tuviera una primera vertiente de funcionamiento psicopatológico fundamental; otra segunda vertiente al definirse en función de “entradas” y “salidas” de ciertos mensajes comunicativos; y una tercera, al ubicar estas modalidades en el campo relacional, teniendo en cuenta lo que siempre hemos señalado de que el proceso terapéutico psicoanalítico funciona como un sistema intersubjetivo, donde se intercambian permanentemente mensajes a nivel del lenguaje y del mundo relacional con ambos integrantes.
Definiremos, entonces, las características de cada función