Religión y juventud. Luis Bahamondes
rowspan="3">Universidad Católica
Consideraciones éticas de la investigación
Toda la información aportada, fue tratada de manera confidencial, de acuerdo con la ley 19.628 de 1999, sobre protección de la vida privada o protección de datos de carácter personal. Solo tuvo acceso a ella el equipo de investigación, lo cual permite garantizar que la información recabada no fue utilizada para objetivos ajenos a este estudio y no autorizados por los individuos.
La manipulación de la información se realizó con el mayor de los resguardos, para lo cual los participantes fueron solamente identificados con un código, lo que permite garantizar su anonimato.
Lo anteriormente señalado, se materializó en la aplicación de consentimientos informados para el caso de estudiantes universitarios y padres, y asentimiento informado para el caso de jóvenes menores de edad, siendo autorizados a participar en esta investigación por sus padres o tutores.
1 Mensaje del Concilio Vaticano II a los Jóvenes, 1967.
2 Ídem.
3 Iglesia Servidora de la Vida. Orientaciones Pastorales, 1986-1989.
4 Documento de Puebla, 1979.
5 Cardenal Silva Henríquez, 1991.
6 Papa Francisco, Encuentro con la Juventud en Maipú, 2018.
7 Mensaje del Concilio Vaticano II a los Jóvenes, 1967.
8 Documento de Aparecida, 2007.
CAPÍTULO I
Transmisión de la fe:
incidencia de los cambios socioculturales en la
práctica religiosa de los jóvenes católicos chilenos
El escenario cultural en donde se ubican chilenas y chilenos está configurado a partir de las huellas que dejan las transformaciones socioculturales del país a lo largo de su historia. Resulta entonces necesario aspirar a comprender Chile como producto de un proceso histórico y de la construcción y producción cultural. El ser chileno/a, es decir, la identidad y todas las aristas de la vida de quienes integran y componen este país, está firmemente ligado a los cambios que toman parte en este territorio. Para efectos de esta investigación, se indagará en los cambios socioculturales acontecidos en Chile luego de la restauración de la democracia en los años 90.
El Chile de finales del siglo XX y principios del siglo XXI, está cruzado por un largo periodo de transición y al mismo tiempo marcado por el restablecimiento del régimen democrático que consistió en desmantelar las restricciones sociales y devolver a las personas el derecho de disponer de su futuro. Si bien es cierto, a través de la transición se esperaba alcanzar la democracia propiamente tal, en la práctica fue un proceso incompleto que significó una democracia restringida, de baja calidad y enclaves autoritarios (Garretón, 2009). De acuerdo con lo anterior, el Estado democrático actual se caracteriza por su respuesta funcional para resolver los problemas concretos de la sociedad, entregando el ámbito público a distintas concesiones privadas y a los brazos del mercado. Según los datos recopilados en la Encuesta Bicentenario desde el año 2006 al año 2015, acerca de la preocupación y responsabilidad del propio bienestar, prima la percepción de que cada persona debería preocuparse y responsabilizarse por sí mismo desestimando el rol del Estado (Encuesta Bicentenario, 2015).
La consolidación del mercado en la sociedad chilena trae consigo un sentimiento de inseguridad conforme aumenta la prosperidad económica, dada la sensación de exclusión del desarrollo en la sociedad:
Las personas se sienten desvinculadas de Chile por múltiples razones, materiales o emocionales, pero llama la atención una en especial. El sentimiento de extrañamiento parece estar ligado a las dificultades de encontrar sentido a los cambios sociales en marcha. Y ello tiene consecuencias. Si la gente no logra atribuirles una finalidad, entonces solo el pasado aparece cargado de significación, y el presente tiende a ser vivido como una pura pérdida de sentido (PNUD, 2002: 32).
Dicha sensación de inseguridad se ve incrementada por la flexibilización de las relaciones laborales y la precarización del trabajo (PNUD, 2002: 94), tras cambios implementados en el sistema de contratación y en las instituciones de seguridad social, entre otras. Así mismo, la sensación de inseguridad permanece al punto de sostener opiniones pesimistas respecto del futuro. Según la encuesta CEP de octubre-noviembre de 2018, un 57 % de la muestra piensa que el país se encuentra estancado (CEP, 2018).
Esta situación también ha fomentado que la sensación de inseguridad se vea potenciada por la desconfianza de las instituciones de todo orden (Bahamondes, 2017), corroyendo gradualmente los niveles de participación y representatividad, pues “las juventudes del país presentan bajos niveles de confianza en las instituciones que integran el sistema social” (Injuv, 2015: 135). Bajo este escenario, las Fuerzas Armadas, los tribunales de justicia, las empresas, el gobierno, el parlamento y los partidos políticos poseen un alto nivel de desconfianza de la ciudadanía. El caso de la Iglesia católica resulta interesante, pues si bien la feligresía sigue expresando en un 58 % su identificación con dicha religión, solo un 9 % de los sujetos manifiesta confianza en la Iglesia católica (Encuesta Bicentenario, 2018).
En términos educacionales, en 40 años Chile más que duplicó su mediana de escolaridad (PNUD, 2002: 128) a partir de la implementación de diversas políticas educativas que se centraron fundamentalmente en la preparación de los jóvenes para su integración al mundo del trabajo. En la actualidad, la educación se sitúa como el mayor conflicto a nivel nacional (COES, 2015), manifestándose en contra de su mala calidad y las lógicas de mercado reinante en este ámbito, lo que queda de manifiesto en la preferencia de la educación particular subvencionada respecto de la educación municipal (Encuesta Bicentenario, 2014).
Si bien las transformaciones en el campo educativo son indiscutibles en cuanto a cobertura, destacando su ampliación a nivel superior, esta no ha estado exenta de dificultades y cuestionamientos. El acceso a la educación superior no solo dio muestras de las inequidades y segregación de la realidad escolar, sino también trajo aparejado el endeudamiento de las familias y los jóvenes, a través del sistema crediticio avalado por el Estado y la banca privada.
Hoy no solo generan eco, sino ruido, las palabras pronunciadas por el presidente de la República Ricardo Lagos Escobar, en el marco de la cuenta pública realizada el 21 de mayo de 2005, donde señalaba que…
[…] la educación chilena superior ha cambiado. De 200 mil jóvenes en 1990, hay 600 mil jóvenes hoy día. Hoy, mi mayor orgullo, de cada diez jóvenes que están en la universidad siete, siete, es primera generación en su familia que llega a la universidad.
No hay duda que dichas cifras fueron modelando una sociedad diferente en el plano social al ampliar el capital cultural disponible de los jóvenes insertos en la educación superior. No obstante, las demandas de la ciudadanía ya no