Comunicación en sesión. Eduardo Issaharoff

Comunicación en sesión - Eduardo Issaharoff


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lo que Liberman llamaba “yo idealmente plástico”, que puede entenderse metafóricamente pensando en una variedad no fija ni estereotipada de mecanismos de defensa, si lo quisiéramos ubicar en una versión más clásica.

      El sufrimiento o la interferencia psicopatológica, en esta perspectiva conceptual de Liberman, podría originarse por la hipertrofia o la carencia significativa de algunos de estos recursos propios de las distintas variantes examinadas por la psicopatología y clínica psicoanalítica. Y esta perspectiva implica un criterio valorativo pues incluye aspectos más saludables –el mencionado “yo idealmente plástico”– y más interferentes, y constituye un criterio agregado o suplementario de la evaluación de cambios en un proceso terapéutico.

      Para concluir este capítulo mencionaremos otras cuestiones referidas a la modalidad de abordaje de los contenidos, a saber:

      • Su núcleo básico corresponde a nuestra propia exégesis de las distintas perspectivas de la obra. Llegamos a tal objetivo tras variados intercambios en los que privilegiamos los consensos sobre las legítimas diferencias entre colegas, en una disciplina tan compleja y polisémica como es el psicoanálisis. El objetivo de nuestra obra es proponer estímulos y reflexiones sobre el pensamiento de Liberman, por lo que nos resulta más operativa una síntesis convergente.

      • También hemos incluido otras dos perspectivas: una consistente en reproducir algunos debates que permitirán a los lectores asistir a polémicas interesantes que podrían incrementar el espacio de síntesis crítica. Incluimos citas del propio Liberman –obviamente significativas desde nuestra visión– que allanan al lector un acceso directo a las “fuentes” de la obra.

       Según nuestro criterio, las tres perspectivas permiten una visión crítica gestáltica que, más allá de ser un excelente estítulo para reflexionar sobre el psicoanálisis de nuestros tiempos, cumple con creces nuestros objetivos.

       Como en toda exégesis globalizadora de una producción, nuestra comunicación posee omisiones que asumimos. Nos referimos a otros estudios de Liberman que no hemos incluido por razones de límite de conocimiento o procesamiento, como son los estudios de David Maldavsky y colaboradores, los de Samuel Arbiser, Elsa Grassano, Elsa Aisenberg o los muy relevantes trabajos de Susana Dupetit, entre otros. Esperamos que tales límites sean ampliados en intercambios futuros en esta perspectiva del desarrollo de nuestra disciplina.

      Desarrollo cronológico conceptual

      Hemos distinguido cuatro períodos básicos en la obra de Liberman, en cada uno de los cuales se encuentran énfasis en algunos territorios que le dan coherencia:

      1] Ubicado entre 1950 y 1960, este período incluye trabajos sobre distintos temas, en particular la conexión de problemáticas psicopatológicas con otras de orden clínico, preocupación que se fue incrementando a lo largo de toda su producción. En esta línea de trabajos podemos recortar una especial preocupación por ciertos problemas de abordaje en el proceso psicoanalítico; en particular a la conexión entre las variantes psicopatológicas con los parámetros de la teoría de la técnica, que podrían formularse de esta manera: ¿existe alguna especificidad diferencial en los funcionamientos psicopatológicos y sus vicisitudes en el campo del proceso clínico? Es en este período cuando se publica el trabajo donde ciertas modalidades psicopatológicas –como la estructura esquizoide, por ejemplo– implican peculiares modos y dificultades en su abordaje clínico, y donde se enfatiza la necesidad de adecuar la postura del psicoanalista a dicha peculiaridad surgida de estructuras psicopatológicas dominantes.

      2] En la década del ’60 aparecen desarrollos que consideramos más específicos, como la definición del campo clínico desde una perspectiva conceptual diferente y parcialmente exterior al psicoanálisis; allí se produce la introducción de lo que llamamos “el modelo comunicacional” para redefinir el campo clínico.

      Para Liberman, este modelo –al estar poco saturado con consideraciones metapsicológicas– puede contribuir a disminuir la brecha entre los enunciados teóricos y los clínicos. Permite, además, una estructuración descriptiva que presenta una fuerte analogía con el espacio analítico por su naturaleza de intercambio dialogal. Es en este período que se introduce dicho modelo, básicamente tomado de aportes de autores como Jurgen Ruesch y Gregory Bateson, que trabajaron en el ámbito de Palo Alto. Pero es fundamental comprender que dicho modelo es utilizado para intentar una descripción del campo y para estudiar algunos de sus funcionamientos e intercambios.

      Se introduce, entonces, el modelo comunicacional para describir el campo clínico y conectarlo con aspectos relacionales de la historia del sujeto. Dicho modelo se utiliza como un instrumento para graficar situaciones de cambio; esto implica que no reemplaza ni a las teorías motivacionales ni a los enfoques sobre el aparato psíquico, y mucho menos a las teorías históricas del psicoanálisis.

      Entre las obras que incorporan este modelo y sus conexiones posibles con el psicoanálisis habría que mencionar La comunicación psicoanalítica, La teoría de la comunicación y el psicoanálisis y un trabajo inédito para ese entonces, y publicado luego en una edición especial en homenaje a Liberman de la revista de la Asociación Escuela de Psicoterapia para Graduados, en el que se articulan esquemas psicopatológicos del psicoanálisis y la teoría de la comunicación.

       En este período también aparecen copias de las clases del Curso de Psicopatología de la Facultad de Filosofía y Letras junto a Rafael Paz y Carlos Slutzky, materiales que conectan modelos provenientes de vertientes freudianas, kleinianas y clásicas del psicoanálisis, con la instrumentación del modelo comunicacional y con la problemática psicopatológica estudiada en el campo bipersonal, el cual constituye para Liberman el paradigma del espacio clínico en psicoanálisis.

      3] Ubicamos aproximadamente en la década del ’70 la etapa en la que Liberman intenta reducir las brechas entre la problemática clínica del psicoanálisis y los modelos de otros campos, para producir nuevas contribuciones, tanto metodológicas como de modos de formular la interpretación. De este modo, Liberman ya no se limita a los estudios de Palo Alto sino que suma también estudios semióticos y de lingüística contemporánea. Podemos citar, entre ellos, los de Charles Morris y Roman Jakobson. Además, incluye las funciones comunicativas de semiólogos como Luis Prieto, y también un estudio acerca de las posibilidades de cruzar el aporte de la gramática generativa de Chomsky con algunos estudios sobre el desarrollo y funcionamiento del lenguaje y el psicoanálisis clínico.

       Se trata de una extensa producción que en su momento tuvo discusiones críticas cuya expresión más representativa es la publicación de los tres tomos de Lingüística, interacción comunicativa y proceso analítico –que tuvo una versión sintetizada llamada Comunicación y psicoanálisis–, a los cuales se agregaron algunos trabajos muy relevantes como “El relato sobre cambios y la teoría y la práctica del psicoanálisis”, del Congreso Psicoanalítico de Londres (1975) y un pequeño libro, Lenguaje y técnica psicoanalítica (Kargieman, 1976) donde nuevamente aparecen preocupaciones y búsquedas de modelos instrumentales que permiten una diferente comprensión del proceso analítico, al tiempo que abre las puertas al desarrollo de nuevos modelos metodológicos. Esto se hace posible en tanto se suman al campo psicoanalítico ciertas generalizaciones que resultan muy difíciles por la distancia entre las hipótesis teóricas y clínicas de las diversas disciplinas, y por la cantidad de esquemas referenciales con lenguajes de compleja articulación entre sí.

      4] Es el período que se extiende, aproximadamente, entre 1980 y 1983, año de la muerte de David Liberman, y en el cual aparecen obras dedicadas a diversas problemáticas sobre las que se estaba ocupando: por un lado, las enfermedades psicosomáticas –estudios que tuvieron su culminación con la presentación del trabajo realizado con un grupo de colegas, llamado “Sobreadaptación”–[2] y por el otro, la vinculación de los problemas semiológicos y estilísticos en el psicoanálisis de niños, estudios en los que trabajó en colaboración con otros colegas[3].

       Esta visión panorámica de la obra de Liberman pretende constituir una perspectiva global que permita clasificar sus aportes dentro de ciertos parámetros temporales. En un agregado a este recorte –que podríamos llamar “longitudinal”– citamos algunas


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