De la revolución a la industrialización. Sergio de La Pena
—sociedades estatistas— de Europa del Este significó un eclipse de las ideas socialistas que condujo a Fukuyama a plantear el fin de la historia. La correlación de fuerzas en los ámbitos mundial y nacional se había trasformado significativamente. El proyecto socialista de izquierda se debilitó, pero no es casual que, en 1988, las fuerzas de izquierda se reaglutinaran en torno a la figura de Cuauhtémoc Cárdenas, en una opción político electoral, en donde la sombra del general Lázaro Cárdenas y de la Revolución de 1910 seguían presentes.
En la historiografía de los últimos cinco lustros se realizó una cantidad enorme de trabajos, muchos de ellos monográficos, sobre las diversas regiones, personajes y una miríada de aspectos específicos: como el estudio de empresarios y empresas, organización industrial, finanzas, precios, vida cotidiana, de género, cultura, movimientos, etcétera. La riqueza de los mate riales es innegable, la historia regional abrió nuevas perspectivas y arrojó luz, para este periodo, sobre la heterogeneidad del proceso revolucionario, al punto que se llegó a hablar de las revoluciones. Para autores más vinculados a la corriente revisionista ello implicaba la inexistencia de la Revolución. En efecto, en los trabajos sobre la Revolución de 1910 hubo un cierto contagio del enfoque revisionista —concierne o no— que predomina en esos momentos en Francia y que paradójicamente coincide con la conmemoración del segundo centenario de la Revolución francesa; Furet y su grupo se encargaban de combatir la idea misma de Revolución y en especial la "interpretación jacobino-marxista" de la misma. Para Furet "La idea revolucionaria es la imposible conjura de la desdicha [... ] en la medida en que la libertad y la igualdad de los hombres constituyen promesas absolutas, preñadas de esperanzas ilimitadas, y por lo tanto imposibles de satisfacer".17 En México se ha usado mucho la adjetivación de revisionista, aunque no siempre los trabajos que se etiquetan con ese nombre pertenecen o comparten las premisas teóricas de la corriente surgida en Francia.18
Entre los historiadores que sí comparten las premisas revisionistas para el análisis de este periodo se destacaron y exaltaron las bondades de la modernización porfiriana y el intenso crecimiento logrado a través de la vinculación con el mercado mundial. Al mismo tiempo se enfatizaron las continuidades en el sistema político antes y después de la Revolución, cuyos rasgos autoritarios se acentuaron y "perfeccionaron", argumentando que ello se debía a la falta de autonomía en la participación y representación de las masas, que finalmente habían quedado subordinadas a las elites. A través de múltiples estudios locales y regionales se revaloró el alcance e influencia del movimiento revolucionario y llegó a cuestionarse la existencia misma de la Revolución. Y era verdad que regiones enteras se mantuvieron relativamente quietas entre 1910 y 1913 y otras mostraban un comportamiento diferente a los marcados por "las tendencias nacionales", pero la excesiva segmentación del proceso lo volvía irreconocible. De igual manera, se cuestionó la existencia de "tendencias nacionales" y se les consideró más como un producto historiográfico que otorgaba legitimidad al Estado. De esta manera, parecían escasos los logros revolucionarios; en cambio se destacaba su altísimo costo y se ponía el acento en la democracia como vía de cambio y en la orientación al exterior como vía de crecimiento económico. Se cuestionaron las "interpretaciones generales" y se tendió a sustituirlas por la descripción de procesos locales y regionales.
Ante la multitud de trabajos sobre temas y regiones específicas nuevas preguntas han surgido: ¿cómo se crean estados de ánimo colectivos o espíritus de época?; ¿cómo se afirman o cambian los valores sociales?; ¿cuáles son las relaciones que se establecen entre los procesos sociales y los valores individuales?; ¿cómo la acción de los hombres cambia o no los valores, actitudes y alimenta el espíritu de cambio o por el contrario conduce a la resignación y la anomia? Algunas de estas interrogantes se han tratado de responder desde la historia cultural, la antropología histórica y volviendo a los enfoques interdisciplinarios, lo que seguramente dará lugar a nuevas interpretaciones.
Un somero balance de las publicaciones recientes sobre la Revolución nos deja ver más claramente que el México que emergió de ella si bien mostraba continuidades con respecto al pasado porfiriano, la tónica fundamental fue de cambio. También es cierto que ninguna Revolución marca el año cero de la historia, todas presentan continuidades, lo importante es desentrañar la naturaleza de los cambios y su profundidad, que la mayoría de las veces no se hubieran producido sin el cambio en la correlación de fuerzas que implica una Revolución. Coincidimos con Enrique Semo cuando plantea que:
La Revolución produjo una ruptura profunda. Si la juzgamos no por los proyectos de sus participantes, sino por sus resultados — hoy ya muy evidentes—, podemos decir que, después de una serie de vacilaciones, el país se mantuvo en la vía capitalista de desarrollo; pero, junto a la "vía porfiriana" que no desapareció del todo, se manifestaron en la década de los veinte y los treinta elementos importantes de la vía revolucionaria del desarrollo del capitalismo: ascenso de la pequeña burguesía mexicana y su transformación en burguesía; reforma agraria que benefició a sectores del campesinado a costa de los latifundios; intervención del Estado para frenar la presencia del imperialismo, etcétera. Es decir, la Revolución produjo una reorientación del desarrollo del capitalismo mexicano, cuyo resultado es una especie de híbrido en el cual la vía reaccionaria y la vía revolucionaria están entretejidas en forma peculiar.19
Entre las trasformaciones más evidentes que contribuyeron a reorientar la vía de crecimiento podemos destacar: la destrucción de la oligarquía como clase y de la hacienda como unidad económica central, así como los roles económicos sociales y políticos del hacendado y su control sobre los campesinos; el aniquilamiento del ejercito porfirista; la promulgación de una nueva Constitución que por su contenido social es de las más avanzadas de su época; la consolidación de organizaciones sindicales y campesinas con la modificación de las relaciones laborales; nuevas instituciones y roles estatales que le permiten participar y dirigir la economía nacional; se reivindicó el derecho de la nación sobre sus recursos naturales; la amplia reforma agraria expandió el mercado interno que se tradujo en un impulso a la industrialización; se adoptó una política exterior independiente, sobre todo después de la expropiación petrolera. No menos importante fue el cambio en el ambiente social.20 Sin lugar a dudas muchos de estos cambios no se hubieran realizado sin la movilización masiva que significó la Revolución de 1910.
CRECIMIENTO Y DESARROLLO.
UN DEBATE INCONCLUSO
En el terreno propiamente económico, el periodo que nos toca estudiar también ha sido revalorado desde perspectivas distintas. En los sesenta y setenta los análisis se centraron en explicar las causas del subdesarrollo y los orígenes del atraso, pues el añorado desarrollo nacional autónomo resultó una quimera.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) había realizado algunos aportes para entender las particularidades del capitalismo latinoamericano, entre las que destaca la idea de que las economías eran heterogéneas donde la difusión parcial del progreso técnico llevaba a la coexistencia de sectores modernos con atrasados y reproducía una distribución del ingreso desigual. La dependencia tecnológica encontraba su explicación en un esquema más amplio que dividía a la economía mundial en zonas centrales y periféricas, que generaban una tendencia al intercambio desigual expresado en un deterioro de los términos de intercambio.21
Desde una perspectiva marxista, la heterogeneidad se explicó por la articulación de modos de producción bajo el predominio capitalista. Las relaciones salariales no desplazaron a las relaciones serviles en América Latina, por el contrario se mezclaron y articularon con éstas y los segmentos modernos de la economía, antes que eliminar a los atrasados, en muchos casos los refuncionalizaron, articularon o subordinaron; un ejemplo son las diversas relaciones que se establecen entre las haciendas exportadoras