Terapia cognitivo conductual fácil. Seth J. Gillihan

Terapia cognitivo conductual fácil - Seth J. Gillihan


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en la práctica son complementarias. Ciertamente, poco después de su desarrollo, las dos corrientes se integraron en la TCC. Incluso Aaron T. Beck, el padre de la terapia cognitiva, rebautizó su famoso enfoque terapéutico «terapia cognitivo-conductual» en consonancia con su inclusión de técnicas conductuales en lo que anteriormente denominaba terapia cognitiva. Esta integración supone una buena noticia para quienes necesitan tratamiento, ya que ahora pueden recibir uno más completo.

      Combinar estas terapias también nos ayuda a ver cómo nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras conductas están íntimamente relacionados (ver la figura anterior). Por ejemplo, cuando sentimos mucha ansiedad, tendemos a tener pensamientos relacionados con el peligro, y estos pensamientos aumentarán nuestra ansiedad. A su vez, estos pensamientos y sentimientos harán crecer la probabilidad de que evitemos lo que tememos, lo cual reforzará nuestra ansiedad. Una vez que entendemos estas relaciones, es más fácil hallar modos de sentirnos mejor.

      En los años setenta del siglo XX, Jon Kabat-Zinn, formado como biólogo molecular, comenzó a experimentar un nuevo programa denominado reducción del estrés basado en mindfulness (o atención plena). Inspirado en prácticas que han existido desde hace miles de años, el mindfulness se basa en la idea de que podemos aliviar el sufrimiento centrando nuestra atención en el momento presente, en lugar de dar vueltas sobre el pasado o preocuparnos por el futuro. La atención plena incluye también una deliberada apertura a nuestra realidad.

      Kabat-Zinn y sus colegas hallaron que el nuevo programa era muy efectivo para reducir la ansiedad entre quienes sufren dolor crónico. Desde ese momento, los tratamientos basados en mind­fulness se han desarrollado y han sido verificados para trastornos como la depresión, el insomnio y la ansiedad.

      Igual que las terapias cognitivas y las conductuales se unieron, también la terapia basada en mindfulness se ha integrado en algunos de los programas de la TCC. Por ejemplo, el psicólogo Zindel Segal y sus colegas hallaron que integrar el entrenamiento mindfulness en la terapia cognitiva reducía la recaída en la depresión una vez que la terapia había terminado. Los tratamientos basados en mind­fulness forman parte de lo que ahora se llama la «tercera ola» de la TCC; han cosechado una gran cantidad de apoyo a partir de las pruebas clínicas, razón por la que he incluido dichas técnicas en este libro.

      Antes de que empieces tu viaje por la TCC, echemos una ojeada a algunos de sus principios básicos. Estos te servirán de guía en el camino hacia la práctica efectiva.

      La TCC enfatiza la colaboración y la participación activa. La TCC funciona mejor cuando se adopta un papel activo para definir los objetivos del tratamiento y decidir cómo avanzar hacia ellos. La práctica de la terapia, dirigida por un terapeuta o por un recurso como este, aporta los conocimientos acerca de los principios y las técnicas generales, pero exige colaboración para adaptar esos componentes a tus necesidades específicas.

      La TCC está dirigida por objetivos y se concentra en problemas específicos. Una parte crucial del trabajo en la TCC es definir el problema, lo que hace que este sea más manejable. Definir objetivos claros que sean importantes para ti es un paso estrechamente relacionado con el tratamiento. Estos objetivos centrarán tu energía y estimularán tus esfuerzos a medida que trabajemos para lograrlos.

      La TCC está enraizada en el aquí y el ahora. Mientras que algunas terapias se concentran sobre todo en los sucesos de la infancia, la TCC se centra en cómo los propios pensamientos y las propias acciones en el presente pueden ser parte de las luchas constantes y cómo cambiar esos patrones puede ser útil. Aunque la TCC considera importantes las experiencias de los primeros años de la vida, su énfasis en el presente la convierte en un tratamiento capaz de empoderarte, al centrarse en factores que puedes controlar.

      La TCC pretende enseñarte cómo ser tu propio terapeuta. Con esta terapia aprenderás unas cuantas habilidades básicas que te ayudarán a manejar los asuntos que te llevaron a ella. Con la práctica, puedes aplicar estas técnicas por ti mismo, incluso cuando surjan dificultades nuevas. La TCC es un tipo de tratamiento al estilo «enseña a una persona a pescar» y sigue estando contigo una vez que la terapia ha terminado.

      La TCC enfatiza la prevención de la recaída. Aprender cómo continuar estando bien forma parte integral de la TCC. Al comprender los factores que contribuyen a tu ansiedad, depresión u otros problemas, podemos estar atentos a los signos que indican una posible recaída. Por ejemplo, una mujer que se recupera de la depresión puede ser consciente de una tendencia a retirarse de las actividades que le hacen sentirse bien. Esto constituye la razón de que los índices de recaída en la depresión y la ansiedad sean menores con la TCC que con la medicación. Es fundamental que se sigan practicando los nuevos hábitos de la TCC, del mismo modo que alguien que ha aprendido a tocar un instrumento musical necesitará seguir practicando y tocando para mantenerse preparado.

      La TCC es un proceso limitado en el tiempo. La TCC logra su objetivo de proporcionar alivio en un período de tiempo relativamente breve. Por ejemplo, un programa de tratamiento típico para la depresión consta de unas dieciséis sesiones; las fobias, como el miedo a los perros, pueden tratarse de manera efectiva en una única sesión de entre dos y cuatro horas. Los programas de tratamiento más breves pueden también ser motivadores, debido a la sensación de que los objetivos pueden alcanzarse a corto plazo.

      La TCC es estructurada. Los elementos del tratamiento en la TCC se presentan en un orden predecible, de manera que las sesiones posteriores se basan en las anteriores. Cada sesión sigue una ­rutina coherente, comenzando con una revisión de cómo ha ido la práctica entre las sesiones para después cubrir el material del día y, finalmente, planificar cómo aplicar ese material en la propia vida durante los días siguientes. Este enfoque organizado constituye una buena parte de lo que hace que la TCC sea una forma de terapia eficiente.

      La TCC te ayuda a hacer frente a los pensamientos automáticos negativos. En el corazón de la TCC se halla el reconocimiento de que nuestros pensamientos a menudo nos llevan por mal camino. Tendemos a los pensamientos automáticos negativos, que, como su nombre sugiere, se presentan espontáneamente. La TCC te ayuda a aprender a identificar estos pensamientos automáticos negativos y responder a ellos. Por ejemplo, la persona que deja pasar una promoción podría tener el pensamiento automático negativo «nunca aprovecho una oportunidad». En la TCC, lo primero que aprendemos es a reconocer lo que nuestras mentes nos están diciendo, ya que los pensamientos automáticos negativos pueden aparecer sin que nos percatemos de ello conscientemente. A continuación examinamos la exactitud de los pensamientos. Con la práctica, podemos desarrollar modos más útiles de pensamiento.

      La TCC implica una variedad de técnicas. Un impresionante conjunto de técnicas entran en juego en la TCC, desde la relajación hasta la reestructuración cognitiva, pasando por la activación conductual, la exposición y la meditación. Parte del trabajo consiste en descubrir qué técnicas son más útiles para una persona concreta. Hallarás muchas de esas herramientas en los capítulos que siguen y descubrirás cuáles te proporcionan un mayor beneficio. Me gusta organizar las técnicas de la TCC bajo tres encabezamientos: «piensa» (cognitivo), «actúa» (conductual) y «sé» (mindfulness). En este libro, a menudo me refiero a estas tres etiquetas.

      La mayoría de los principios y prácticas de la TCC probablemente no te sorprenderán. Por ejemplo, hacer frente a nuestros miedos para superarlos difícilmente puede decirse que sea una idea novedosa. Aquellos a quienes he tratado en mi práctica a veces son escépticos respecto a que técnicas sencillas, como planificar actividades específicas y tener cuidado de nuestros pensamientos, puedan ser realmente útiles. Si fuera tan simple, piensan, estarían mejor ya. Como veremos, la TCC no tiene que ver solo con lo que hacemos, sino también con cómo lo hacemos. Veamos algunos aspectos del enfoque de la TCC que la


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