Transformaciones. Ley, diversidad, sexuación. Mónica Torres

Transformaciones. Ley, diversidad, sexuación - Mónica Torres


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su objetivación, en fin, la ineludible captación por la norma. De manera inevitable el Estado incorpora a sus atribuciones la disposición de estos cuerpos, en las categorías que ofrece. En este caso, el ejemplo más claro es que esta legislación, al menos por el momento, obliga a decidir entre los clásicos casilleros varón y mujer.

      En suma, esta Ley se incluye entre las transformaciones que en las últimas décadas han ampliado el reconocimiento de los derechos al tiempo que el Estado recuperaba un lugar central en la vida social y política. Sin embargo, las lecturas políticas que pueden derivar de las obras de los autores aquí tratados apuntan a no pensar la ampliación de derechos como un punto de llegada, a la manera de una democracia formal de corte liberal. Al contrario, nos invitan a pensar órdenes a partir no solo de la suma y la asimilación, sino nuevos órdenes que contengan en sí mismos la posibilidad de discutir sus modos de legitimación y de inteligibilidad. Mientras nos damos a esa tarea de reinvención, los efectos que produzca la implementación de la Ley encontrarán nuevas inflexiones en las voces diversas que se atrevan a radicalizarlos.

      1- Agradecemos la lectura atenta y los comentarios precisos de Nayla Vacarezza.

      2- Foucault, M., Historia de la sexualidad, t. 1, FCE, México, 1987, p. 137.

      3- Foucault, M., Historia de la sexualidad, op. cit.

      4- Foucault, M., Nietzsche, la genealogía y la historia, Pre-textos, Valencia, 1988.

      5- Foucault, M., Microfísica del poder, La Piqueta, Madrid, 1992.

      6- Foucault, M., Tecnologías del yo y otros textos afines, Paidós, Barcelona, 1990.

      7- Foucault, M., Vigilar y castigar, Siglo XXI, México, 1985.

      8- Foucault, M., Historia de la sexualidad, op. cit., p. 138.

      9- De Lauretis, T., “La tecnología del género”, Mora. Revista del Área Interdisciplinar de Estudios de la Mujer, Nº 2, Bs. As., 1996, p. 8.

      10- Foucault, M., Historia de la sexualidad, op. cit.

      11- Ibíd.

      12- Foucault, M., “¿Qué es la crítica?”, Revista de Filosofía, N° 11, Madrid, 1995.

      13- Foucault, M., “Sexo, poder y la política de la identidad”, Dits et Ecrits, II, 1976-1988, Quarto, Gallimard, 2001, pp. 1554-1565.

      14- Butler, J., Deshacer el género, Paidós, Bs. As., 2006, p. 38.

      15- Butler, J., El Género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad, Paidós, Bs. As., 2001.

      16- Una excelente ayuda para orientar una primera lectura: Leticia Sabsay http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-742-2009-05-09.html

      17- Butler, J., Mecanismos psíquicos del poder, Cátedra, Universidad de Valencia, Instituto de la Mujer, Madrid, 1997-2001.

      18- Butler, J., Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”, Paidós, Bs. As., 2002.

      19- Sabsay, L., Fronteras Sexuales. Espacio urbano, cuerpos y ciudadanía, Paidós, Bs. As., 2011.

      20- Cabral, M., “La identidad es una metáfora”, 18/12/2012. Recuperado de https://www.diagonalperiodico.net/cuerpo/ la-identidad-es-metafora.html.

      Entrevista a Darío Sztajnszrajber

      Por Alejandra Antuña y Graciela Schnitzer

      ¿Cómo pensás el concepto de identidad desde la filosofía?

      Me parece que la identidad es un concepto de la cultura occidental, en especial a partir de su formulación metafísica en Grecia y de ahí hacia adelante. Ahí va teniendo como su propia particularidad, que es enraizarse con lo que son los principios ontológicos de la realidad, en especial con el principio de no contradicción. Postula, así, una idea de identidad básicamente como algo definitivo. La identidad se entiende como algo que remite a su etimología, que viene de ídem, que es “lo mismo”. Identidad es, en definitiva, una forma de la mismidad, sería aquello que repite siempre lo mismo y que por ello no admite la diferencia. En la medida en que la identidad supone una repetición de lo mismo, supone una relación con lo que en la historia de la filosofía occidental se ha llamado la “esencia” de algo. Esta idea de esencia, que hoy es muy cuestionada, supone la existencia de un elemento nodular de cualquier entidad, no solo del ser humano, porque la identidad no es un tema ni psicológico, ni sociológico, ni filosófico, es un tema ontológico. Identidad implica una lectura sobre el ente, el modo en que lo concebimos. Pensar desde las esencias la cuestión de la identidad es pensar que se puede encontrar en cualquier entidad un núcleo duro que define a esta entidad, tal como es, y que ese núcleo duro no se da en la evidencia, no se da de primera. Entonces, hay todo un trabajo de búsqueda de identidad hasta alcanzar ese ADN constitutivo de lo que somos. Así se pensó siempre la identidad en Occidente.

      Los griegos pensaban la identidad en relación a los entes, desde una perspectiva ontológica. Ahora, la identidad como cuestión subjetiva ¿estuvo desde siempre o aparece en determinado momento histórico?

      Es muy interesante porque lo que tampoco estuvo siempre en la historia es la idea de subjetividad. Hay una relación entre identidad y subjetividad que emerge en la modernidad y que tiene una profunda fuente cristiana. Porque no nos olvidemos que la modernidad no arrasa con todo lo anterior sino que es una continuidad del Cristianismo. El Cristianismo lo que hace es internalizar la metafísica, cuando San Agustín dice “conócete a ti mismo y conocerás a Dios” lo que hace es girar la lógica del conocimiento hacia eso que los cristianos inventan que se llama la “interioridad”, que es otro concepto cultural que puede situarse. Entonces lo que me parece interesante es que en la Antigua Grecia la identidad no tenia que ver justamente con el yo como individualidad subjetiva. Es el famoso caso de la muerte de Sócrates, cuando a Sócrates lo condenan le dicen: “Elegí tu condena: la muerte o el destierro”. Sócrates dice (es el momento cúlmine de La Apología de Sócrates, el texto de Platón): “No hay duda, la muerte, porque sin Atenas no soy nada”. La identidad para Sócrates estaba puesta en otro lado. ¿En dónde? En su ethos.

      La definición del individuo es una construcción moderna, la identidad empieza a aparecer ahí ligada al yo. Lo mismo con la cuestión del sujeto. Incluso en términos etimológicos, sujeto es lo que subyace a lo que se me presenta, sub-jectum, sub eyecto. En el análisis sintáctico todavía hablamos de sujeto no como un yo, sino como la entidad que ejerce la acción. El sujeto ligado a la persona también es una creación moderna, en la antigüedad estaba puesto en el fundamento de las cosas. La pregunta es si existe o no existe una


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