Lo que callan las palabras. Manuel Alvar Ezquerra
terapéuticos’, tal como la define la Academia en su diccionario. Para ella es un aumentativo desusado de bala, mientras que Corominas y Pascual la hacen proceder del italiano pallone, aumentativo de palla ‘pelota’. En este caso, el balón es una pelota grande según la formación italiana. Si nos atenemos a lo dicho por la Academia, se estaría tomando para el balón la imagen de las antiguas balas esféricas de piedra, las mayores, o de plomo o de hierro, las de armas de fuego pequeñas.
bancarrota La bancarrota es, entre otras cosas, la ‘quiebra comercial, y más comúnmente la completa o casi total que procede de falta grave, o la fraudulenta’. La voz procede del italiano bancarotta, esto es, banca rotta ‘banco quebrado’. La denominación se remonta a la época en que las transacciones comerciales, especialmente el cambio de moneda, se hacían en la lonja, o en cualquier otro lugar público. Quien llegaba a la situación en que no podía hacer frente a sus obligaciones financieras, o se demostraba que había actuado con falsedad o engaño en su cometido, el gremio lo desposeía del permiso para su actividad, y se rompía el asiento sobre el que trabajaba, en señal de cese de sus operaciones. Parece que los cambistas engañaban más de lo deseable a sus clientes, procedentes de otros lugares con otras monedas y que no siempre entendían las equivalencias que aquellos anotaban en números romanos sobre el banco o la mesa.
bárbaro En la primera de las acepciones del diccionario académico, bárbaro ‘se dice del individuo de cualquiera de los pueblos que desde el siglo V invadieron el Imperio romano y se fueron extendiendo por la mayor parte de Europa’. La voz procede del latín BARBĂRUS ‘extranjero’, que a su vez viene del griego bárbaros, con el mismo valor. Se trata de una onomatopeya del movimiento que hacen los labios al hablar, como otras voces recogidas en este libro, y que se aplica al lenguaje incomprensible, el hablado por los extranjeros o por los rústicos. Decía Sebastián de Covarrubias (1611): «bárbaro, este nombre fingieron los griegos de la grosera pronunciación de los extranjeros, que procurando hablar la lengua griega la estragaban, estropeándola con los labios, con el sonido de barbar, y la gala de la pronunciación consiste en ellos y en la lengua, y por eso la palabra labium significa el lenguaje [...]. De aquí nació el llamar bárbaros a todos los extranjeros de la Grecia, adonde residía la monarquía y el imperio. Después que se pasó a los romanos, también ellos llamaron a los demás bárbaros, fuera de los griegos. Finalmente, a todos los que hablan con tosquedad y grosería llamamos bárbaros, y a los que son ignorantes, sin letras, a los de malas costumbres y mal morigerados, a los esquivos que no admiten la comunicación de los demás hombres de razón, que viven sin ella llevados de sus apetitos, y finalmente los que son desapiadados y crueles».
baremo Un baremo es, en la primera acepción de las registradas en el diccionario académico, el ‘cuaderno o tabla de cuentas ajustadas’, y también el ‘cuadro gradual establecido convencionalmente para evaluar los méritos personales, la solvencia de empresas, etc., o los daños derivados de accidentes o enfermedades’. La voz procede del nombre del matemático francés François-Bertrand Barrême (1638-1703), uno de los fundadores de la contabilidad, a través de su forma francesa barème.
bargueño Define la Academia en su diccionario la palabra bargueño como ‘mueble de madera con muchos cajones pequeños y gavetas, adornado con labores de talla o de taracea, en parte dorados y en parte de colores vivos, al estilo de los que se construían en Bargas’. Bargas es un pueblo de la provincia de Toledo cuyos muebles de cajones y asas para transportarlos adquirieron gran fama, hasta el punto que se llamaron así, procediesen o no de la población.
barón Véase varón.
barquillo Los barquillos hacen las delicias de los niños, y también de los mayores. Se trata de una ‘hoja delgada de pasta hecha con harina sin levadura y, además, azúcar o miel y, por lo común, canela, la cual, en moldes calientes, hoy suele tomar forma de canuto, más ancho por uno de sus extremos que por el otro’, como define el término el diccionario académico. El origen de la voz es el que parece, un diminutivo de barco, por la forma convexa o de barco que se le daba. El nombre se mantiene aunque no sea esa la forma que pueda adoptar el barquillo, como la de canuto a que se refiere el DRAE. Sebastián de Covarrubias no incluyó la palabra en su Tesoro (1611), aunque la empleó en su interior: «oblea, es una hojarasca hecha de masa muy delgada. Y porque es en la forma y tamaño de las obladas se dijo oblea. Las medio torcidas llamaron barquillos. Las hechas en cañutos, por ir muy plegadas, se dijeron suplicaciones».
barriga La barriga, como bien se sabe, es el abdomen, especialmente el abultado. Dice la Academia en su diccionario que probablemente venga de barrica, ‘especie de tonel mediano que sirve para diferentes usos’ según la definición de ese repertorio, procedente del gascón barrique, cuyo origen es incierto, aunque Corominas y Pascual piensan que procede de una base latina *BARRICA, cuyo origen exacto –quizá galo– se desconoce. Sea como fuere, la forma barriga es genuinamente española, y responde a la evolución normal en nuestra lengua. Que se pasase a denominar el vientre abultado a partir del tonel responde a una comparación fácilmente comprensible, tanto por la forma externa como por la capacidad que tienen para alimentos y bebidas. La misma imagen aparece en otras acepciones de barriga en el diccionario académico, como la ‘parte abultada de una vasija, columna, etc.’ o la ‘comba que hace una pared’. Sebastián de Covarrubias (1611) dice: «barriga, latine dicitur venter, así en el hombre como en los brutos. Algunos quieren darle su etimología de la palabra griega barys, gravis, por ser lo que más gravedad y pesadumbre da en todo animal racional e irracional. En nuestros tiempos se vio un hombre que traía delante de sí un carretoncillo de dos ruedas, en que llevaban la barriga por no la poder sustentar. Otros quieren que sea nombre hebreo […]. Traer barriga la hembra es comúnmente estar preñada. Hacer una pared barriga estar desplomada. Barrigudo, el que tiene gran barriga».
bártulos Los bártulos son los ‘enseres que se manejan’, según la definición que ofrece el diccionario académico para la voz. Tiene su origen en el nombre del famoso jurista medieval Bártolo de Sassoferrato (1313-1357), cuyas obras fueron conocidas por toda Europa y se tenían como textos en los estudios de leyes en las universidades, por lo que los libros de estudio se llamaron bártolos, o bártulos, con una forma latinizante para darle una apariencia culta, designación que también recibieron los argumentos jurídicos. Por lo voluminoso de los libros, el nombre se aplicó a cualquier cosa de bulto, y finalmente fueron esos enseres de la definición del DRAE. No recoge la palabra ningún diccionario anterior a la fundación de la Academia, salvo el de Bernabé Soler (1615), precisamente destinado a los estudiantes que aprendían latín, en el dicho más sabe que un bártulo, que traduce a la otra lengua como prodico doctior, en una clara referencia a los saberes contenidos en un libro.
basílica Las basílicas que conocemos hoy son edificios religiosos, notables por algún motivo, aunque en su origen solo lo eran las trece primeras cristianas como recuerda la primera de las acepciones del diccionario académico, ‘cada una de las trece iglesias de Roma, siete mayores y seis menores, que se consideran como las primeras de la cristiandad en categoría y gozan de varios privilegios’. La palabra procede del latín BASILĬCA, tomado del griego basiliké ‘regia, real, perteneciente al rey’, derivado de basileýs ‘rey’. La basílica era, pues, un palacio, la casa de los reyes, como dice la tercera de las acepciones académicas. En Roma fue un edifico público, en cuya parte inferior se hacían las contrataciones, servía de lonja, mientras que los corredores del piso alto servían de deambulatorio. También se impartía la justicia en ellas. Con la llegada del cristianismo, y, especialmente, con la promulgación del Edicto de Milán (año 313) por Constantino el Grande (ca. 272-337) que proclamaba la libertad de religión y el fin de las persecuciones de los cristianos, se comenzó la construcción de edificios para sus oficios religiosos semejantes a las basílicas romanas, tomando también su nombre. A propósito de la voz dice Sebastián de Covarrubias (1611): «basílica, es nombre griego, basilika […]. A cualquiera casa o palacio suntuoso le daban el renombre de real, y así no solo en las que se juntaban los consejos y audiencias, mas aun las lonjas de los mercaderes se llamaban basílicas. Y porque en tiempo del emperador Constantino se dedicaron algunas de sus reales casas al culto divino, se llamaron estas y las demás que después se erigieron basílicas, como basilica sancta Petri, basilica Salvatoris, &c.»
basura La basura, como bien sabemos, son los